Fácil fue amarla, difícil fue dejarla - Capítulo 1223
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Capítulo 1223:
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Ver cómo la calidez volvía a su expresión fue como ganar una batalla silenciosa.
Cuando salieron del campus, la llevó en coche al centro de la ciudad, a la plaza de música al aire libre.
El sol se estaba poniendo, bañando de oro la fuente en el centro de la plaza. El agua subía y bajaba al ritmo de la música vespertina, captando la luz y dispersándola como diamantes.
Marc la llevó a un rincón más tranquilo, lejos de la multitud. El resplandor de la fuente brillaba sobre ellos y su voz se volvió más baja, casi tierna.
«Aquí es donde te dije lo que sentía por primera vez. Esa noche también había un espectáculo de fuentes». Sonrió levemente, con la mirada profunda. «Me quedé aquí mismo, tratando de no temblar, pensando que ibas a decir que no».
En aquel entonces, no era el exitoso Sr. Walsh que todos admiraban.
Era solo un estudiante más: inseguro, ambicioso y perdidamente enamorado.
Así que cuando le confesó su amor, estaba aterrorizado, temeroso de que ella lo viera como un pobre don nadie que nunca podría darle el futuro que se merecía.
Ahora, de pie en el mismo lugar, recreó ese momento a la perfección: con los ojos llenos de sinceridad y el mismo nerviosismo juvenil suavizado por los años de experiencia.
La mente de Stella volvió a divagar.
Casi podía ver aquella noche de verano como si se estuviera desarrollando ante sus ojos: el aire cargado con el aroma de la hierba húmeda y un ligero rastro de jazmín. Las luces de la fuente brillaban a su alrededor, y un Marc más joven estaba allí, nervioso pero decidido, con las mejillas sonrojadas mientras tartamudeaba su confesión.
Aún recordaba cómo se le había acelerado el pulso, cómo una cálida sensación había florecido silenciosamente en su pecho.
Era la primera vez que sentía algo por alguien y la primera vez que correspondía a los sentimientos de otra persona.
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Algunos momentos, pensó, nunca se desvanecen del todo.
La risa baja de Marc la devolvió al presente. «Me hiciste esperar mucho esa noche», bromeó, aunque su tono tenía un ligero tono de queja fingida. «Te quedaste ahí parada una eternidad antes de decir que sí. Pensé que había perdido mi única oportunidad».
Stella se rió, con una risa suave y sincera. La confusión y la inquietud que la habían atormentado durante días parecían disiparse, sustituidas por una suave y familiar calidez.
«Lo recuerdo», dijo en voz baja. «No pude dormir nada después. No dejaba de pensar en ello».
No había dudado porque no estuviera segura, sino porque no podía creer que la persona que le gustaba también sintiera lo mismo por ella.
Al ver cómo sus ojos se iluminaban de nuevo, Marc sintió una oleada de satisfacción.
Había funcionado. Esos recuerdos, a los que él la había llevado cuidadosamente, habían echado raíces, desplazando cualquier otra cosa que pudiera haber permanecido.
Los últimos rayos de sol se extendían por la plaza, entrelazando sus sombras en una bruma dorada.
La mirada de Marc se suavizó. Todo —la música, la luz que se desvanecía, la forma en que ella lo miraba— encajaba a la perfección.
Lentamente, se inclinó hacia ella, con los ojos fijos en sus labios, listo para sellar el momento con un beso.
Su aliento se acercó, cálido y constante, con un ligero rastro de loción para después de afeitar, limpio, masculino, desarmantemente familiar.
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