Fácil fue amarla, difícil fue dejarla - Capítulo 1221
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Capítulo 1221:
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La imagen que pintó, tan llena de amor y calidez doméstica, suavizó poco a poco las arrugas de la duda en el corazón de Stella.
Descansando en sus brazos, escuchando el ritmo constante de los latidos de su corazón, dejó que una pequeña sonrisa de satisfacción apareciera en su rostro. Quizás esos extraños sueños, esos vagos sentimientos de pérdida que la habían perseguido desde que despertó del coma, no eran más que los restos de ese trauma.
Sin embargo, en lo más profundo de su ser, enterrado bajo toda esa comodidad, permanecía una pequeña punzada de inquietud.
Como una fina espina clavada en su corazón, invisible hasta que algo la rozaba, enviando un leve pinchazo a través de su pecho. Pero la visión que Marc tenía de su futuro era tan tierna, tan convincente, que ella apartó ese sentimiento.
Se dejó llevar, como un barco en aguas tranquilas, arrullada por la calidez de su amor, y decidió no ver los arrecifes ocultos bajo la superficie.
Marc notó su distanciamiento ocasional, los momentos en que su mirada se desviaba hacia otro lugar, pero nunca lo mencionó.
Entonces, tres noches después, llegó el paquete. La medicación.
Esa noche, después de que Stella subiera a terminar su informe, Marc abrió la caja. Entrecerró los ojos para ver el polvo blanco y luego lo vertió en un bol de yogur espeso. Lo removió con cuidado hasta que se mezcló por completo.
—Stel —la llamó en voz baja mientras entraba en el estudio—. ¿Sigues trabajando? Te he traído algo: yogur con fruta. Pruébalo.
Había decidido no usar un líquido. Cualquier residuo podría depositarse en el fondo.
El yogur estaba perfecto.
«Gracias», dijo Stella con una sonrisa, levantando la vista de su ordenador portátil.
Su estudio iba bien y, para conseguir más proyectos, ella dedicaba todo su tiempo libre a realizar experimentos o revisar propuestas de colaboración para él.
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Marc acercó una silla a ella y le llevó la cuchara a los labios. «Has estado trabajando sin descanso. Cuando el estudio despegue, te compraré una casa mejor. No quiero que sigas sufriendo».
Al pensar en todo lo que había perdido —el Grupo Walsh, la mansión, el estatus—, sintió un nudo de remordimiento en el pecho.
Pero volvería a levantarse. Stella se merecía lo mejor y él estaba decidido a dárselo.
Ella tomó una cucharada y sonrió suavemente. —No pasa nada, Marc. La empresa aún es nueva, llevará tiempo. Creo en ti. No siento que esté sufriendo.
En realidad, la casa que les había proporcionado la familia Carter ya era bastante bonita.
Su tranquila comprensión le llegó directamente al corazón.
Si no hubiera sido tan tonto antes, si no hubiera dejado que Haley entrara en sus vidas, las cosas nunca se habrían complicado tanto.
Pero al menos ahora todavía tenía la oportunidad de arreglarlo.
—Es tarde —dijo con suavidad—. Termina esto y descansa un poco. Puedes continuar mañana.
Stella quería terminar primero unos cuantos documentos más, pero Marc insistió.
Él la observó hasta que ella terminó todo el cuenco.
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