Fácil fue amarla, difícil fue dejarla - Capítulo 1216
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Capítulo 1216:
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Apretada contra él, Stella se agarró la sien, mientras los latidos se hacían cada vez más fuertes. Su visión se enfocaba y desenfocaba, y la misma figura borrosa bajo las estrellas pasaba por su mente una y otra vez, cada vez con más intensidad.
«Es como si…». Respiraba entrecortadamente, con la mirada perdida, mientras luchaba por ordenar sus pensamientos. «Vi estrellas… y a alguien allí de pie. ¡Me duele mucho, no puedo respirar!».
Marc sintió que se le oprimía el pecho y el corazón se le encogía mientras el miedo se apoderaba de él.
Otro recuerdo
La atrajo hacia él, con la voz temblorosa por el pánico. «Stel, quédate conmigo. Te llevaré al hospital. ¡Aguanta, por favor!».
Sin perder ni un segundo, sacó a Stella de la galería de arte, el mismo lugar que había elegido para simbolizar el comienzo de su amor. Esa noche, se había convertido en un escenario de miedo en lugar de alegría.
Marc ayudó a Stella a subir al coche, pero antes de que pasaran veinte minutos, el motor petardeó y se apagó. El hospital aún estaba a veinte minutos.
Stella había estado descansando la cabeza contra la ventana todo el tiempo, con una expresión tensa por el malestar.
Stella apoyó la cabeza contra la ventana, con el rostro aún aturdido.
Aquella figura borrosa y el brillo de aquel anillo familiar se habían grabado en su mente y se negaban a desaparecer. ¿Quién era exactamente? ¿Podría ser Marc?
Si Marc era el que estaba a su lado, ¿no debería sentirse tranquila? Entonces, ¿por qué le dolía tanto?
Las manos de Marc se aferraron al volante hasta que sus nudillos palidecieron.
Nunca imaginó que su propuesta tan bien planeada se vendría abajo de esta manera. Cuando miró a Stella recostada contra la ventana, una ola de miedo lo invadió, el miedo de que ella pudiera recordar todo. Las advertencias de Sharon y Josie no dejaban de dar vueltas en su mente.
Si Stella seguía teniendo esos flashes de memoria, ¿podría soportarlo realmente, una y otra vez?
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Antes creía que podía soportarlo todo, que sus repentinos desmayos y momentos de confusión eran pruebas que podía superar. Pero ahora, la duda se apoderaba de él como una sombra que no podía sacudirse.
—Stel, ¿puedes oírme?
Stella mantenía los ojos cerrados y las pestañas temblorosas. Solo unos respiros cortos y entrecortados escapaban de sus labios.
Marc giró el contacto una y otra vez hasta que el motor finalmente arrancó con un rugido estremecedor, rompiendo el silencio de la carretera desierta.
Sin dudarlo, pisó más fuerte el acelerador. El coche se lanzó hacia adelante, con los faros atravesando la oscuridad mientras corría hacia el hospital.
Una vez allí, las enfermeras llevaron rápidamente a Stella a la sala de exploración, dejando a Marc paseándose por el pasillo, con las paredes cerrándose sobre él a cada minuto que pasaba. Cada tic del reloj resonaba como un martillo en su pecho.
«Doctor, ¿cómo está?».
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