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Capítulo 512:
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Stefan se acercó a Hannah para protegerla, apretando la mandíbula con rabia. «No la metas en esto. Tu problema es conmigo, no con Hannah».
«¡Mi problema es con cualquiera que ayude a destruir mi matrimonio!», exclamó Alexander con voz quebrada por el dolor y la rabia. «Sé lo que vi, Stefan. Sé cómo es cuando un hombre intenta seducir a una mujer».
«No sabes nada», dijo Stefan con voz mortalmente tranquila. «No sabes lo que es la lealtad, ni la confianza, ni anteponer la felicidad de otra persona a tu propia venganza».
El rostro de Alexander se retorció de furia. «No me des lecciones sobre lealtad. Tú eres el que engañó a Camille con su hermana. Tú eres el que destruyó su capacidad de confiar en alguien».
«Y desde entonces he pasado cada día tratando de reparar esa traición. A diferencia de ti, que sigues anteponiendo tu venganza a su bienestar».
«¡Estoy luchando por la justicia!».
«Estás luchando por una venganza basada en mentiras que alguien te ha contado». Stefan se acercó a Alexander, con la ira finalmente desbordándose. «Has sido manipulado por quienquiera que quiera destruir a Victoria, y estás demasiado cegado por el odio como para darte cuenta».
Alexander perdió por completo el control. «Estoy harto de escuchar tus sermones moralistas…».
Su puño impactó en la mandíbula de Stefan antes de que nadie pudiera reaccionar. El sonido de la carne golpeando la carne resonó en la sala de conferencias como un disparo.
Stefan se tambaleó hacia atrás y se llevó la mano a la cara, donde ya empezaba a hincharse una marca roja. Hannah dio un grito ahogado y se acercó a él instintivamente, extendiendo las manos para comprobar su lesión.
«¡Stefan! ¿Estás bien?». La voz de Hannah estaba llena de preocupación genuina mientras le tocaba suavemente la mandíbula magullada.
La ternura en la voz de Hannah, la forma en que se movió inmediatamente para consolar a Stefan, el evidente cariño entre ellos… todo eso golpeó a Alexander como un segundo puñetazo en el estómago.
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«Dios mío», susurró Alexander, mientras la realidad de lo que había presenciado finalmente penetraba en su celosa ira. «No vas detrás de Camille.
Tú… tú y Hannah…».
Camille ya estaba buscando el teléfono para llamar a seguridad. «Ya basta, Alexander. Tienes que irte».
«No lo sabía», dijo Alexander, con la voz quebrada por la vergüenza y la confusión. «Pensé… cuando lo vi tocándote…».
—Me estaba tocando —dijo Hannah en voz baja, con el brazo aún alrededor de los hombros de Stefan mientras examinaba su herida—. Hemos estado trabajando juntos. Nos hemos vuelto… íntimos.
Alexander los miró fijamente, viendo claramente por primera vez la forma en que Hannah se colocaba protectora cerca de Stefan, la forma en que la mano libre de Stefan encontraba la de ella.
Sin pensarlo conscientemente, la forma en que se miraban era definitivamente más que respeto profesional.
«Lo siento», dijo Alexander, pero las palabras sonaron huecas incluso para sus propios oídos.
«No lo entendía. Pensaba…».
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