Exesposa desechada: Renaciendo de las cenizas - Capítulo 495
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Capítulo 495:
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A veinte millas de distancia, en una pequeña oficina situada encima de un almacén de envíos, Stefan Rodríguez estaba sentado rodeado de equipos informáticos que habrían impresionado a la mayoría de las agencias gubernamentales. Varias pantallas mostraban códigos en streaming, mapas de red e interceptaciones de comunicaciones. Hacía tiempo que había sustituido el café por bebidas energéticas, ya que llevaba tres noches seguidas trabajando, rastreando fantasmas digitales.
La experiencia de Stefan en el transporte marítimo internacional le había obligado a comprender las redes de comunicación globales, la ciberseguridad y los rincones oscuros de Internet donde operaban las organizaciones criminales, habilidades que nunca había imaginado que utilizaría para proteger a su exmujer del plan de venganza de su actual marido.
«Vamos», murmuró, viendo cómo las líneas de datos cifrados se desplazaban por su pantalla. «Dame algo».
Durante días, Stefan había estado rastreando los patrones de comunicación entre Alexander y su misterioso contacto. Los mensajes rebotaban a través de servidores anónimos en Rusia, China y Europa del Este, una sofisticada red diseñada para ocultar la verdadera ubicación e identidad del remitente.
Pero toda comunicación digital deja rastros. Pequeños fragmentos de datos que revelan patrones temporales, preferencias de servidor e incluso estilos de escritura que podrían identificar a la persona detrás del cifrado.
Stefan había encontrado algo interesante en las marcas de tiempo de los mensajes. Aunque las comunicaciones parecían provenir de diferentes países, todas mostraban sutiles patrones temporales que sugerían que el remitente operaba desde el este de Estados Unidos. Alguien que enviaba mensajes durante el horario laboral estadounidense y se tomaba descansos coincidentes con los horarios de las comidas de la costa este.
Y lo que es más importante, la sofisticación técnica del cifrado sugería que se trataba de alguien con importantes recursos: herramientas de seguridad de nivel gubernamental, software de anonimización de grado militar y acceso a redes que no estaban al alcance de los delincuentes comunes.
Su ordenador emitió una alerta. Acababa de pasar un nuevo mensaje por uno de los servidores que estaba supervisando.
Los dedos de Stefan volaron por el teclado, capturando cada fragmento de datos mientras la comunicación cifrada rebotaba de un servidor a otro. Este mensaje era más largo de lo habitual, más complejo, con archivos adjuntos que sugerían una planificación detallada.
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«Lo tengo», susurró Stefan cuando su software de rastreo identificó una ruta parcial.
El mensaje procedía de un servidor de Manhattan. No era la fuente final, pero estaba más cerca de casa que los servidores internacionales que había sido diseñado para imitar. Alguien que operaba desde Nueva York, alguien con suficientes conocimientos técnicos para enrutar sus comunicaciones a través de redes globales, pero no lo suficientemente inteligente como para ocultar completamente su ubicación.
Stefan se puso inmediatamente a trabajar para reducir el número de posibles fuentes. Manhattan tenía miles de puntos de conexión a Internet potenciales, pero la firma específica del servidor sugería que se trataba de alguien que utilizaba un espacio de oficinas comercial en lugar de una conexión residencial.
Su teléfono sonó, interrumpiendo su concentración. El nombre de Camille apareció en la pantalla.
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