Exesposa desechada: Renaciendo de las cenizas - Capítulo 418
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Capítulo 418:
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Durante la cena, Victoria se levantó para brindar, con una voz más fuerte que la que había tenido en meses. Levantó su copa y observó a los invitados.
«Cuando murió mi hija Sophia», comenzó, y un silencio se apoderó de la multitud al mencionar el nombre que rara vez pronunciaba, «creía que las segundas oportunidades eran una ilusión. Que una vez que se perdía algo precioso, nunca se podía recuperar».
Se volvió hacia Camille y Alexander, con una expresión abierta y vulnerable que pocos habían visto antes. «Me equivocaba. Hoy tenemos ante nosotros a dos personas que demuestran que las segundas oportunidades existen. Que de las heridas más profundas puede surgir la mayor curación».
Alexander sintió el reloj contra su pecho mientras Victoria continuaba, sin darse cuenta de la ironía de sus palabras. Ella no tenía ni idea de que sus acciones pasadas habían marcado su vida mucho antes de que se conocieran, que su venganza contra los Preston había cobrado la vida de su tío como daño colateral.
«Por Camille y Alexander», continuó Victoria, levantando su copa. «Que vuestros cimientos se construyan sobre la confianza, vuestras paredes sobre el respeto y vuestro techo sobre un amor inquebrantable».
Todos bebieron, mientras Alexander sorbía su champán, sintiendo el peso de su secreto con cada latido de su corazón.
Más tarde, durante su primer baile, Camille apoyó la cabeza en su hombro. «¿Feliz?», susurró.
«Más de lo que creía posible», respondió él con sinceridad, abrazándola con más fuerza mientras se balanceaban al ritmo de la música.
Al otro lado de la pista de baile, Victoria los observaba con satisfacción maternal, con los ojos brillantes de orgullo y alegría. Levantó ligeramente su copa cuando Alexander miró en su dirección, en un gesto de aprobación y bendición, ajena al conflicto que se escondía detrás de su sonrisa.
A medida que avanzaba la noche, Victoria se movía entre la multitud, aceptando las felicitaciones de los invitados, tocando de vez en cuando el espacio donde había descansado durante años el collar de Sophia, ahora lucido con orgullo por Camille. Parecía más saludable que en meses, llena de energía por la felicidad del día, completamente ajena al secreto que podía destrozar el retrato familiar perfecto que creía haber creado.
Alexander la observaba desde el otro lado de la sala, pensando en lo diferente que sería su mirada hacia él si supiera lo que él sabía. Pero esa noche no era para revelaciones. Esa noche era para celebrar, para la esperanza, para el comienzo por el que habían luchado tan duro.
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El secreto de la Unidad 237 podía esperar. Al menos por ahora.
Camille lo miró, con los ojos brillantes de felicidad, sin preocuparse por las sombras que él ocultaba. «Te quiero, Alexander Pierce».
«Y yo te quiero, Camille Pierce», respondió él, con un nombre que aún le resultaba nuevo en la lengua.
A su alrededor, los invitados aplaudían y las cámaras disparaban sus flashes, inmortalizando su momento perfecto. Victoria estaba cerca, radiante de orgullo, convencida de haber sido testigo de la culminación de todo lo que había esperado cuando Camille entró en su vida.
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