Exesposa desechada: Renaciendo de las cenizas - Capítulo 389
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Capítulo 389:
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«Sra. Kane, muchos observadores han destacado su meteórico ascenso. Hace solo tres años, usted era una desconocida en los círculos empresariales. ¿Cómo responde a las acusaciones de que su relación con Victoria Kane es… más personal que profesional?».
Rose se inclinó hacia delante, ansiosa por ver a Camille incómoda. Esa era la pregunta que pondría al descubierto el fraude, que la haría tropezar.
Sin embargo, la voz de Camille siguió siendo clara y directa.
«Victoria Kane me rescató cuando no tenía nada. Ella vio potencial donde otros solo veían destrucción. Me enseñó a transformar el dolor en poder. Así que sí, nuestra relación es profundamente personal».
Rose apretó los puños mientras Camille continuaba.
«Pero no se equivoquen», prosiguió Camille, «hoy estoy aquí no por sentimentalismo, sino por mi capacidad demostrada. Mi trayectoria en Kane Industries habla por sí sola. La red Phoenix. La iniciativa Green Harbor. La expansión a los mercados asiáticos que aumentó los ingresos en un veintidós por ciento el último trimestre».
Las cifras no significaban nada para Rose. Lo único que oía era la victoria en la voz de Camille. Lo único que veía era la tranquila confianza de una mujer que no solo había sobrevivido, sino que había triunfado.
«No heredé este puesto», afirmó Camille con firmeza. «Me lo gané. Y tengo la intención de demostrarlo cada día de aquí en adelante».
Victoria dio un paso adelante y puso una mano sobre el hombro de Camille, un gesto público de apoyo nunca antes visto en la famosa y fría mujer de negocios.
«Damas y caballeros, Camille Kane», anunció Victoria, y la sala estalló en aplausos.
En la sala de la prisión, Rose miró fijamente la pantalla mientras Camille y Victoria estaban juntas, con la mano de la mujer mayor sobre el hombro de la más joven. La imagen se le grabó en la mente, cada píxel era una agonía aparte.
«Esa debería ser yo», susurró.
Durante años, Rose había tramado y conspirado. Había manipulado a todos los que la rodeaban. Había dedicado su vida a reclamar lo que creía que debería haber sido suyo: familia, amor, éxito, reconocimiento.
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Y ahora aquí estaba Camille, su hermana, su enemiga, su obsesión, recibiéndolo todo. No solo había sobrevivido a los intentos de Rose por destruirla, sino que había prosperado. Había llegado más alto de lo que Rose hubiera imaginado posible.
La televisión pasó a una pausa publicitaria. Rose permaneció inmóvil, sin ver el anuncio, sino el rostro de Camille. La confianza. El aplomo. La certeza absoluta de que pertenecía exactamente al lugar donde estaba.
Algo se rompió dentro del pecho de Rose. Una presa se rompió, inundándola de una rabia tan pura que casi parecía claridad.
«Camille», susurró, con los dedos curvados como garras contra sus muslos. «Debería haberte matado cuando tuve la oportunidad».
Un guardia que pasaba por allí se detuvo al oír el veneno en su voz. «¿Todo bien aquí, Lewis?».
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