Exesposa desechada: Renaciendo de las cenizas - Capítulo 385
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Capítulo 385:
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«No», admitió él, sorprendiéndola. «Fue misericordia. Algo mucho más poderoso». Ella recogió sus papeles, evitando su mirada. «Fue un buen negocio. Su familia sabe de transporte marítimo. Nosotros no. De esta manera, Kane Industries obtiene un porcentaje de las ganancias sin los dolores de cabeza operativos».
Alexander sonrió levemente. «Si tú lo dices».
Caminaron juntos de regreso a su oficina, donde Victoria esperaba, elegante como siempre con un traje blanco que resaltaba su delgadez, pero también la determinación de sus hombros.
«¿Y bien?», preguntó Victoria. «¿Está hecho?».
Camille asintió con la cabeza y dejó los papeles firmados sobre su escritorio. «Sí. Rodríguez Shipping vuelve a manos de Stefan. Con condiciones».
La expresión de Victoria no reveló nada. «¿Y cuáles son las condiciones?».
«Prácticas éticas. Remediación ambiental. Financiación educativa. Todo lo que discutimos».
Victoria asintió lentamente. «No es lo que yo habría hecho».
—Lo sé —dijo Camille en voz baja.
—Pero entonces —continuó Victoria, con un toque de orgullo en la voz—, esa es la cuestión, ¿no? Tú no eres yo.
Alexander sirvió tres vasos de agua de la jarra que había sobre el escritorio de Camille. —Por los nuevos comienzos —dijo, levantando su vaso en un pequeño brindis.
Bebieron en silencio, cada uno perdido en sus propios pensamientos. Afuera, la lluvia había cesado. La luz del sol atravesaba las nubes, bañando la ciudad con un resplandor dorado.
—Me preguntó por qué —dijo Camille de repente.
—¿Y qué le respondiste? —preguntó Victoria.
—Que así lo había decidido.
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Victoria sonrió, una sonrisa auténtica, poco habitual y transformadora. —Las palabras más poderosas en cualquier idioma. «He elegido».
—Podría traicionar esa elección —dijo Alexander, con una cautela inconfundible en su voz—. La familia Rodríguez tiene generaciones de hábitos empresariales que no cambiarán de la noche a la mañana.
—Podría —asintió Camille—. Pero apuesto a que no lo hará.
Victoria se levantó y se acercó a la ventana, contemplando la ciudad como había hecho innumerables veces desde ese mismo lugar. —Cuando te encontré en ese aparcamiento, lo habías perdido todo. A tu marido. A tu hermana. El apellido de tu familia. Tu sentido de identidad…
Camille y Alexander intercambiaron una mirada, sorprendidos por ese inesperado recuerdo.
—Te enseñé a utilizar esa pérdida —continuó Victoria. «Cómo transformarla en poder. Cómo vengarte de aquellos que te hicieron daño». Se volvió hacia ellos. «Pero nunca te enseñé la misericordia, porque yo nunca la tuve». La confesión quedó flotando en el aire, sorprendente por la vulnerabilidad que revelaba en una mujer que siempre había parecido invulnerable.
«Quizás», dijo Victoria, «eso es lo que tú me enseñarás, en el tiempo que me queda».
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