Exesposa desechada: Renaciendo de las cenizas - Capítulo 341
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Capítulo 341:
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«No a la oficina. A la casa del lago de Victoria. Y date prisa».
Alexander terminó la llamada y se subió a su coche. Mientras se alejaba del lugar, dejando al FBI procesar las pruebas, un solo pensamiento ardía en su mente: encontraría a Camille. La traería a casa. Y luego haría que Rose pagara por cada segundo de miedo que le había causado.
El trayecto hasta la casa del lago fue una batalla contra el tiempo y sus propios pensamientos acelerados. Alexander hizo llamadas continuamente: a sus equipos de seguridad, a sus especialistas en tecnología, a cualquiera que pudiera ayudar a localizar a Camille. Pidió imágenes satelitales de la zona donde la habían llevado, imágenes de las cámaras de tráfico, datos de las torres de telefonía móvil… cualquier cosa que pudiera darles una pista.
Victoria lo esperaba en la terraza cuando llegó, con el rostro pálido pero sereno. A pesar de su enfermedad, a pesar de sus recientes tratamientos, se mantenía erguida y con autoridad. Esa imagen le dio a Alexander un destello de esperanza. Si alguien podía igualar la determinación de Rose, esa era Victoria Kane.
—El FBI estará aquí en treinta minutos —informó—. Stefan Rodríguez llegará poco después. Tengo a mis propios equipos preparando las operaciones de rastreo.
Victoria asintió y le indicó con un gesto que la siguiera al interior. La sala de estar se había transformado en un tiempo récord. Las pantallas de ordenador cubrían una pared. Los mapas cubrían otra. El asistente de Victoria dirigía a un flujo constante de personal que instalaba el equipo.
—Dime lo que sabes sobre la nota —dijo Victoria, dirigiéndose a una silla situada a la cabecera de la mesa de conferencias, dispuesta apresuradamente.
Alexander colocó ante ella la bolsa de pruebas que contenía el mensaje de Rose. —El FBI la está analizando en busca de huellas dactilares, ADN y cualquier otra prueba. Pero Rose no es tonta. No dejaría nada que pudiera llevarnos hasta ella.
Victoria leyó la nota y su expresión se ensombreció. —Cuarenta y ocho horas.
—La encontraremos antes —insistió Alexander, tratando de creer en sus propias palabras.
—Sí, la encontraremos —dijo Victoria, mirándolo con mirada de acero—. Porque conocemos a Rose mejor que ella misma. La impulsan las emociones: el odio, los celos, la obsesión. Eso la hace poderosa, pero también predecible.
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Antes de que Alexander pudiera responder, se abrió la puerta. Stefan entró con el rostro marcado por la preocupación. Detrás de él venían el agente Chen y otros tres agentes del FBI, cargando con equipo y archivos.
—El equipo está estableciendo un perímetro alrededor de la propiedad —les informó Chen—. Nadie puede acercarse a menos de una milla sin que lo sepamos.
Victoria asintió con la cabeza y luego dirigió su atención a Stefan. —Tú conoces a Rose mejor que cualquiera de nosotros. ¿A dónde llevaría a Camille?
Stefan se acercó a los mapas de la pared y los estudió con atención. —Querría un lugar aislado.
—Un lugar que controle por completo. Y un lugar significativo para su narrativa.
—¿Qué narrativa? —preguntó Alexander.
—Que Camille le robó la vida —explicó Stefan—. Rose cree que todo lo que tiene Camille debería haber sido suyo: la familia, el estatus, yo, todo. En su mente, Camille es la ladrona, no ella.
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