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Capítulo 261:
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En la terraza acristalada bañada por el sol, Cathy y Melanie se relajaban en sillas de mimbre, con un café en la mano, charlando tranquilamente.
«Cariño, la crema que me has preparado es increíble. Esta mañana me he mirado al espejo y hasta las finas arrugas que tengo cerca de los ojos ya se están difuminando». Cathy se pasó los dedos por su piel suave e hidratada, riendo feliz.
Melanie sonrió con calidez y dio un sorbo a su café, observando el deleite de su madre. «Si eso te hace feliz, mamá, te prepararé más cada mes. Te mantendré radiante para siempre».
«Siempre me mimas. Aun así, tu fórmula supera a todas las marcas de lujo de cuidado de la piel que he probado. Varias de mis amigas me han llamado hoy para pedirme que les venda un poco, pero las he rechazado a todas», dijo Cathy con una sonrisa divertida. Dejó a un lado la taza de café y apretó la mano de Melanie con orgullo.
Justo en ese momento, entró Vincent, con una expresión inusual en el rostro mientras miraba fijamente la pantalla de su teléfono.
«Mamá, Melanie, hay noticias de última hora». Le pasó el teléfono a Melanie para que pudiera leer la alerta.
El titular decía: «Numerosas mujeres de la élite de Auloxia sufren graves daños faciales tras usar un misterioso producto de belleza. Las autoridades confirman que el producto era ilegal».
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Melanie echó un vistazo al artículo con leve sorpresa. «Según esto, todas las víctimas compraron una fórmula supuestamente exclusiva de Veil al mismo vendedor, pagando hasta dos millones y medio de dólares por envase».
Cathy se inclinó para leer y luego resopló con desdén. «Veil nunca ha sacado nada parecido. El fraude es más que evidente. ¿Quién se atrevería a montar una estafa así en la alta sociedad?».
Vincent acercó una silla y se acomodó, dando un sorbo a su café antes de responder con tono burlón. «Por lo que he oído, fue Rylee quien distribuyó el producto. Al parecer, Paula Becker fue la primera en usarlo, y ahora su aspecto está irremediablemente dañado».
Al oír el nombre de Rylee, Melanie apretó brevemente el móvil con más fuerza antes de relajarse de nuevo. Con calma, levantó la taza de café y dio otro sorbo. «Rylee se lo ha buscado ella sola. Cualquiera que sea tan imprudente como para vender basura venenosa se merece las consecuencias».
Rylee regresó a casa y, una vez dentro de su habitación, se desplomó en el sofá, con la mirada fija en el techo.
No podía dejar de revivir en su mente el rostro hinchado y cubierto de llagas de Paula, una imagen que la llenaba de repugnancia.
Cuando su móvil vibró, apareció un nuevo mensaje de aquel hombre: «No vuelvas a ponerte en contacto conmigo».
Apretó el móvil con los dedos, temblando de rabia, y se mordió el labio con tanta fuerza que el sabor metálico de la sangre le inundó la boca.
Seguramente Shawn ya habría enviado el producto a analizar, y en cuanto llegaran los resultados del laboratorio, todo apuntaría directamente hacia ella.
«¡No, necesito una salida!»
Arrojó el móvil sobre los cojines y corrió hacia el baño.
El espejo reflejaba a una mujer con los ojos hinchados e irritados y el rostro pálido.
Rylee se quedó mirando su reflejo mientras una idea comenzaba a tomar forma en su mente.
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