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Capítulo 750:
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Levantó la mano y apuntó el índice directamente al centro del pecho de Grayson.
«Si mueves un solo dólar para ayudar a esa ladrona», dijo, sus ojos clavados en los de él, «te prometo que la próxima orden de arresto del FBI llevará tu nombre impreso.»
Grayson sintió que la garganta se le cerraba. No podía respirar. Miraba a la mujer frente a él — una extraña, una fuerza de la naturaleza creada enteramente por su propio abandono. Por primera vez en su vida, Grayson Lancaster sintió un terror genuino y paralizante.
«Isolde», susurró, con la voz quebrándose. Se aferró desesperadamente a algún recuerdo de la mujer que alguna vez lo había amado. «No tienes que hacer esto. Estás destruyendo a todos.»
Isolde soltó una carcajada corta y afilada. El sonido estaba completamente desprovisto de humor — un ruido aterrador.
«Robaste el trabajo de toda mi vida y se lo entregaste a tu amante», dijo, su voz volviéndose viciosa. «Dejaste a tu hija ardiendo de fiebre en medio de una tormenta. Nos destruiste tú, Grayson. Yo solo estoy barriendo las cenizas.»
Se acomodó los lentes y le dio la espalda.
«Sube al carro, Harper.»
Isolde abrió la puerta del SUV y se subió al asiento trasero. Harper saltó detrás de ella.
El chofer estaba sentado con la quietud tranquila y vigilante de alguien con experiencia en seguridad ejecutiva de alto nivel. No había reaccionado a la confrontación afuera — sus manos se mantuvieron perfectamente firmes sobre el volante. No hizo preguntas. Simplemente metió la marcha.
El motor del SUV rugió. Pisó el acelerador a fondo.
La camioneta pesada se lanzó hacia adelante, avanzando directamente hacia el parachoques delantero del Maybach. Grayson gritó y se tiró hacia atrás, arrojándose al suelo para no quedar aplastado contra el pilar. En el último segundo posible, el chofer giró el volante con fuerza a la izquierda. El SUV derrapó violentamente, y el parachoques trasero despejó al Maybach por menos de tres centímetros. Las llantas chillaron mientras la camioneta salió disparada por la rampa de salida y desapareció en la noche lluviosa.
Grayson se levantó del concreto mojado. Su traje estaba arruinado. Las manos no dejaban de temblarle.
Miró fijamente la rampa vacía. La fría certeza se instaló en sus huesos como la escarcha. Las amenazas no funcionaban. El dinero no funcionaba. Isolde era completamente intocable.
Si quería mantener a Belle fuera de la cárcel y salvar a su familia de una acusación federal, tenía que hacer algo drástico. Una idea oscura y desesperada comenzó a tomar forma en el fondo de su mente — un plan que le costaría todo.
El reloj de péndulo antiguo en la mansión de la familia Lancaster en Manhattan dio ocho campanadas. El sonido grave y resonante rodó por los enormes y silenciosos pasillos.
Afuera, el cielo era de un morado amoratado y furioso. Una niebla densa se extendía desde el río East.
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