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Capítulo 670:
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«Aléjate de mi nieto, pequeña puta parásita», ordenó Beatrice. Su voz no era alta, pero transmitía la autoridad aplastante de un siglo de dinero antiguo.
Belle jadeó, cubriéndose la boca con ambas manos.
Grayson apretó la mandíbula. «Abuela, esta es una conversación privada».
Beatrice giró la cabeza lentamente para mirarlo. La decepción en sus ojos era corrosiva.
«Eres un necio, Grayson», afirmó con frialdad. «Estabas a punto de autorizar una transferencia de cincuenta millones de dólares para salvar un barco que se hunde, para exponer las acciones de Lancaster Holdings a un ataque catastrófico de venta al descubierto».
—Es una inversión estratégica —argumentó Grayson, con voz tensa—. Las patentes de InnoTech aún tienen valor residual.
Beatrice soltó una risa breve y áspera. Sonó como una piedra que se muele.
Chasqueó los dedos. Uno de los abogados dio un paso al frente y dejó una gruesa carpeta negra sobre el escritorio de Grayson.
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—Ábrela —ordenó Beatrice.
Grayson frunció el ceño y abrió la carpeta. Sus ojos recorrieron la primera página: un resumen de contabilidad forense, totalmente independiente de la auditoría técnica de Isolde.
Se le heló la sangre.
Los documentos detallaban una serie de transferencias bancarias desde las cuentas corporativas de InnoTech a sociedades de cartera offshore. Los fondos se habían utilizado para comprar una villa en la Toscana y millones de dólares en diamantes imposibles de rastrear.
La firma que autorizaba cada transferencia pertenecía a Belle Escobar.
—Lleva tres meses malversando fondos corporativos —dijo Beatrice, con la voz cargada de repugnancia—. Se enfrenta a cargos federales por fraude electrónico. Y tú estabas a punto de vincular el nombre de nuestra familia a una delincuente.
Grayson levantó la vista de la carpeta. Se quedó mirando a Belle. La traición le golpeó como un puñetazo.
—¿Belle? —susurró Grayson, con la voz peligrosamente baja.
Belle retrocedió, sacudiendo la cabeza frenéticamente. —¡No! ¡Grayson, es mentira! ¡Necesitaba las propiedades para retiros corporativos! ¡Todo era por la empresa!
Beatrice la ignoró. Miró directamente a Grayson.
—El comité del fideicomiso familiar convocó una sesión de emergencia hace una hora —anunció Beatrice, con tono tajante—. Si un solo céntimo del dinero de Lancaster llega a InnoTech, activaré el protocolo de emergencia. Te despojaré de tu cargo como director ejecutivo de Lancaster Holdings antes de que se ponga el sol.
Grayson sintió un nudo en el pecho. No podía respirar.
La amenaza era real. Beatrice tenía los votos. Podía desmantelar toda la obra de su vida con una sola llamada telefónica.
Miró el teléfono sobre el escritorio. Miró a la mujer que lloraba acurrucada en un rincón.
Lentamente, retiró la mano del auricular. Se enderezó, y su rostro se endureció en una máscara de fría supervivencia corporativa.
—Tienes que irte, Belle —dijo Grayson. Su voz sonaba apagada.
Belle lanzó un grito desgarrador y cayó de rodillas, extendiendo las manos hacia él. «¡Grayson, por favor! ¡Iré a la cárcel!».
Grayson le dio la espalda y miró por la ventana.
Beatrice miró a Belle con abierto desprecio. Miró a su equipo de seguridad. «Sacad a esta mujer de mi casa. Si vuelve a poner un pie en la propiedad, arrestadla por allanamiento».
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