✨ Martes y viernes nuevos capítulos y estrenos
💬 Únete a la comunidad en WhatsApp & Telegram!
Si te está gustando la lectura, me ayudarías mucho compartiendo la web 🌟
Capítulo 146:
🍙 🍙 🍙 🍙 🍙
Las puertas emitieron un pitido y comenzaron a deslizarse para abrirse.
«¡Isolde!»
Una mano se cerró alrededor de su muñeca; no fue un agarre suave, sino un agarre desesperado y doloroso.
Se dio la vuelta, con el pelo azotándole la cara. Grayson estaba allí, con el pecho agitado, los ojos muy abiertos por un pánico que no le caracterizaba.
«No puedes irte», jadeó.
Isolde miró su mano sobre su brazo. Luego miró su rostro. Su expresión era tan fría que podría haber congelado la sangre en sus venas.
«No me toques», dijo. Su voz era tranquila, pero tenía el peso del mazo de un juez. «Ve a buscar a su madre. Es a ella a quien quieres; acababa de estar aquí, ¿no?»
𝗥𝗲𝗰𝗼𝗺𝗶𝗲𝗻𝗱𝗮 𝗻𝗼𝘃𝗲𝗹𝗮𝘀𝟰𝗳𝗮𝗻.𝗰𝗼𝗺 𝗮 𝘁𝘂𝘀 𝗮𝗺𝗶𝗴𝗼𝘀
Ella tiró de su brazo hacia atrás. Él no la soltó.
«Se ha ido», admitió Grayson, con voz tensa. «En cuanto el médico dijo que estaba estable, dijo que tenía que ir a casa a recoger algunas cosas. No podía soportar el estrés». Tragó saliva. «Estoy solo aquí, Isolde».
Isolde soltó un breve suspiro de incredulidad. —Por supuesto que se fue. En cuanto el drama se desvanece, el público se marcha. ¿Y quieres que yo llene ese vacío?
—Si sales por esas puertas —dijo Grayson, bajando la voz a un tono grave y desagradable—, la matrícula de Effie en St. Jude’s se esfuma. Mañana mismo.
Isolde se quedó paralizada. Se le cortó la respiración.
—¿Utilizarías a tu propia hija? —susurró, mirándolo como si viera a un monstruo por primera vez—. ¿La sacarías del único lugar donde se siente segura… para chantajearme?
Grayson se estremeció, pero no retrocedió. Fijó la mirada en un punto de la pared, por encima del hombro de ella. —Haré lo que sea necesario para salvar a mi hijo. Sabes que lo haré.
Las uñas de Isolde se clavaron en sus palmas. St. Jude’s no era solo un colegio. Era el santuario de Effie: el primer lugar donde los profesores no la habían llamado torpe, donde había vuelto a sonreír.
Miró hacia el ascensor. La libertad estaba justo ahí. Pero el precio era la felicidad de Effie.
Cerró los ojos y respiró hondo; el aire sabía a antiséptico y a derrota.
—Está bien —dijo. La palabra cayó como una piedra al agua en calma—. Lo salvaré. Pero recuerda esto, Grayson: esta es la última vez. Esta es la última gota de piedad que jamás le sacarás de mí.
Se dio la vuelta y caminó de vuelta hacia la suite VIP. Grayson la siguió, con el aspecto de un hombre que había ganado una batalla y perdido la guerra.
Dentro de la habitación reinaba el caos. Kaiden se retorcía en la cama, con el rostro hinchado y enrojecido. Un joven residente manipulaba torpemente una jeringuilla mientras una enfermera intentaba sujetar al chico.
«¡Sujétalo!», gritó el médico. «Voy a administrarle 5 mg de midazolam».
«Basta». La voz de Isolde atravesó la sala como un latigazo.
El médico se quedó paralizado, con la aguja suspendida a pocos centímetros del brazo de Kaiden.
.
.
.