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Capítulo 536:
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¿Por qué me ha traído aquí?
«Yo, Gran Rey Daemonikai», su voz rompió el silencio, clara y autoritaria, resonando con absoluta autoridad, «el primero y el único, me presento aquí en este día para presentar oficialmente a mi mujer a mi pueblo».
PRINCESA EMERIEL
La corte se quedó boquiabierta, seguida de un silencio atónito.
Los altos señores y los grandes señores se quedaron con la boca abierta. Solo el gran señor Vladya parecía no verse afectado, arqueando una ceja hasta la línea del cabello mientras se reclinaba en su silla.
El gran rey Daemonikai extendió sus manos hacia ella, sus ojos esmeralda se suavizaron al fijarse en los de ella.
—Ven a mí, querida.
Emeriel se movió automáticamente, sus pies la llevaron hacia adelante antes de que su mente pudiera alcanzarla. Se sintió aturdida, su cuerpo actuando por instinto, tirado por una atadura invisible.
Al llegar a él, colocó sus temblorosas manos sobre las suyas, sin apartar la mirada de él.
—Se llama Emeriel Galilea Evenstone —anunció Daemonikai con voz firme—. Ukrea me ha bendecido con el don de ella, y hoy te la presento oficialmente para que reciba el respeto y el honor que se merece, como mi mujer y como mi alma gemela.
Cualquier alfiler se habría caído y se habría oído. Ni una respiración, ni un susurro.
O tal vez solo era el zumbido en los oídos de Emeriel.
Sus palabras la golpearon como un maremoto. Su mujer. Su Soulbond.
Los estaba anunciando públicamente. Reclamándola oficialmente.
Su corazón latía a un ritmo rápido e irregular, como si pudiera salir de su pecho en cualquier momento.
Sonrió suavemente, solo para ella, mientras le apretaba las manos con seguridad. «Como muchos de ustedes saben, perdí a mi familia hace siglos». La profunda voz de Daemonikai se elevó en la quietud, sus ojos recorrieron la sala, fijándose en cada noble como si les desafiara a apartar la mirada. «No ha sido fácil. Ese dolor… Nunca pensé que podría curarme de él. Muchos de ustedes fueron testigos de lo que me hizo: cómo me derrumbé. Caí en la locura. Nunca pensé que podría encontrar el camino de vuelta. Pensé que mi vida había terminado… Quería que mi vida terminara».
Los ojos de Emeriel cayeron sobre sus manos, aún entrelazadas. Lentamente, ella levantó los ojos hacia los suyos.
«Pero esta mujer me sacó del abismo. No solo una vez, sino una y otra vez». Su mirada volvió a la corte, sus palabras resonaron con absoluta claridad. «Mientras muchos de ustedes luchaban por eliminar a mi bestia salvaje, ella luchó por salvarme. Ofreció su cuerpo y su sangre, sacándome de la locura. Me sentí atraído por ella.
Incluso cuando no recordaba quién era en realidad, la busqué repetidamente, queriendo estar cerca de ella, incluso cuando pensaba que pertenecía a otro».
La corte volvió a quedarse boquiabierta. Emeriel no podía apartar la mirada de él. Sus palabras eran tan crudas, tan sinceras, que las lágrimas empañaron sus ojos.
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