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Capítulo 1884:
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Holley apretó la mandíbula, rechinando los dientes, y su silencio delató sus emociones.
La paciencia de Belinda se agotó. Ya no quería malgastar palabras con ella. Levantó el vaso de zumo que Holley había adulterado y lo sostuvo con firmeza en la mano.
«¿Qué… qué vas a hacer?». Holley se puso nerviosa al verlo, y el pánico se apoderó de ella.
Belinda ladeó la cabeza y sonrió levemente.
«Deberías beberte esta bebida que has adulterado».
Las lágrimas brotaron calientes por las mejillas de Holley mientras negaba con la cabeza frenéticamente.
«¡No! ¡Por favor, no lo hagas! Mamá, ayúdame… Soy tu hija…».
Los ojos de Kenia brillaban con tristeza y furia mientras la miraba.
«Puede que Belinda no sea de tu sangre, pero has vivido con ella más de veinte años. Ella nunca te ha hecho daño. Y, sin embargo, tú… ¡tú has intentado envenenarla! ¿Cómo has podido ser tan cruel?».
Su pecho subía y bajaba con respiraciones profundas y dolorosas antes de que finalmente dijera, con voz grave: «No me supliques. No puedo salvarte y no lo haré esta vez».
—¡Mamá! —exclamó Holley, con voz aguda por la sorpresa.
Pero antes de que pudiera pronunciar otra palabra, Belinda la interrumpió fríamente, diciendo: «Hazlo».
Dos hombres vestidos de negro se acercaron y sujetaron a Holley con tanta fuerza que no pudo moverse ni un centímetro.
Uno de ellos le sujetó la mandíbula con la mano, obligándola a abrir la boca.
—¡Suétenme! —Holley se retorció violentamente, con el terror reflejado en su rostro.
Belinda se cernió sobre ella, sonriendo alegremente mientras sus palabras rezumaban crueldad.
«Holley, te sugiero que te comportes y te bebas este zumo. Si no… se lo echaré directamente por la garganta a Kylee».
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Al oír esas palabras, Holley se quedó paralizada. La lucha abandonó su cuerpo en un instante. Abrió mucho los ojos y la incredulidad se convirtió en furia mientras miraba a Belinda con ira.
Belinda mantuvo la sonrisa mientras su mirada se cruzaba con la mirada llena de rabia de Holley. Habló con una calma escalofriante.
«Sabes que no bromeo».
Holley espetó, incapaz de contenerse por más tiempo.
«¡Belinda, irás al infierno!».
Antes de que las palabras se desvanecieran, uno de los guardaespaldas levantó la mano y le dio un fuerte golpe en la cara.
La cabeza de Holley se giró hacia un lado por la fuerza del golpe, con la mejilla ardiendo por el dolor.
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