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Capítulo 1881:
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«¿Ah, sí?», Belinda esbozó una sonrisa burlona. Se acercó a la mesa de centro, cogió un archivador, sacó los documentos y los colocó delante de Holley.
«Aquí tienes una prueba de ADN de ti y de mí. Y otra de mí y Baker».
Con una sonrisa tranquila, casi juguetona, Belinda preguntó: «¿Necesitas que te lea los resultados?».
Holley sintió como si una mano invisible le hubiera agarrado por el cuello.
Sin poder articular palabra, se quedó mirando los documentos con la mirada perdida.
Imperturbable, Belinda pasó a la última página del informe y la levantó.
Los ojos de Holley se posaron en el claro resultado, que indicaba que no había conexión biológica entre ella y Belinda. Dos segundos después, espetó: «¡Esto es falso! ¡Tiene que serlo! ¡Belinda, alguien ha manipulado esto! ¡No puede ser verdad!».
Belinda soltó una risa fría.
«¿No eran los dos últimos informes los que estaban manipulados? Al fin y al cabo, Baker tiene acciones en los dos centros de pruebas más grandes de Owathe. ¡No esperaba que las inversiones de Baker fueran tan cuantiosas!».
Inclinó ligeramente la cabeza, con tono despreocupado.
«Baker debió de planearlo todo antes de que intercambiaras a los bebés. Con sus inversiones en esos centros de pruebas, falsificar un informe después habría sido pan comido, ¿no?».
Holley se quedó paralizada, sin saber qué decir.
¿Belinda también lo sabía? Eso significaba que las pruebas que tenían Belinda y Lucas iban mucho más allá de lo que ella había temido.
Belinda siguió presionando.
«Ah, y una cosa más, el médico y las enfermeras de tu cesárea mencionaron que tu bebé tenía una marca de nacimiento distintiva de color rojo oscuro en la parte inferior derecha de la espalda. Qué curioso, yo no parezco tenerla».
El corazón de Holley se hundió.
Lo sabían todo. Todo había terminado para ella.
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Holley palideció.
En ese momento, no pudo articular ni una sola palabra. Ante la evidencia irrefutable, sus negativas y excusas se desvanecieron, despojadas de todo poder.
Así, se quedó paralizada, atrapada en una nube de conmoción.
Belinda la miró con fría superioridad. Sus labios carmesí se curvaron ligeramente mientras hablaba.
«Dime, ¿quiénes son mis verdaderos padres?».
—Yo… yo tampoco lo sé —balbuceó Holley, negando con la cabeza.
«No eras más que un bebé abandonado. Solo te acogimos… por compasión».
Incluso ahora, se aferraba a sus mentiras.
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