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Capítulo 1879:
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«Holley, ¿estás segura de que soy realmente hija tuya y de Baker?».
Su pregunta hizo que el corazón de Holley latiera con fuerza, como un tambor frenético. Tuvo que hacer un gran esfuerzo para no perder el control en ese mismo instante.
Luchando por ocultar su pánico, se obligó a reír.
«¡Por supuesto que lo eres! ¿Por qué dices eso de repente?».
Belinda volvió a levantar el vaso, sosteniéndolo delicadamente en la mano. Hizo girar el zumo lentamente y luego volvió a mirar a Holley.
«Entonces… ¿te gustaría probar mi zumo?».
Por supuesto, ¡Holley no se atrevió a probarlo!
Sabía exactamente lo que había puesto en el zumo.
Forzando una sonrisa, agitó la mano nerviosamente.
«N-no, no hace falta. Ya has probado…».
Belinda se encogió de hombros ligeramente.
«¿Y qué si lo he tomado? ¿No eres mi madre? ¿Ni siquiera vas a beber del mismo vaso del que ha bebido tu propia hija? ¿No te parece un poco extraño?».
El rostro de Holley se tensó una vez más.
Antes de que pudiera responder, Belinda continuó: «Si no quieres beberlo, no lo hagas».
Dicho esto, dio dos palmadas. Al instante, dos guardaespaldas vestidos de negro aparecieron desde el piso de arriba. El corazón de Holley dio un vuelco al verlos y se le quedó la cara pálida. Instintivamente, dio un paso atrás. Los hombres se le acercaron y cada uno la agarró de un brazo para inmovilizarla.
«¿Qué están haciendo? ¿Qué me van a hacer? ¡Déjenme ir!», gritó Holley, forcejeando violentamente contra ellos.
Pero, ¿cómo podía su frágil fuerza luchar contra dos hombres tan imponentes?
Volvió sus ojos aterrados hacia Belinda, tragó saliva y balbuceó con voz temblorosa: «Belinda, ¿qué estás haciendo?».
Belinda solo soltó una leve risita, sin ofrecer ninguna respuesta.
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En ese momento, Margie entró en la habitación con un vaso de zumo idéntico al que Belinda acababa de beber. Las pupilas de Holley se dilataron con horror y su rostro se puso mortalmente pálido. En un instante, lo entendió todo.
El vaso del que había bebido Belinda no era el que ella había adulterado.
Margie sostenía el que ella había envenenado.
Belinda se levantó con elegancia del sofá, tomó el vaso de la mano de Margie y comenzó a caminar lentamente hacia Holley.
Al verla acercarse, Holley se retorció aún más, con el rostro desencajado por la desesperación.
«¡Déjame ir! ¡Suéltame ahora mismo!», gritó, luchando tan violentamente que su rostro se puso carmesí.
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