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Capítulo 1874:
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La cara de Kylee se tensó al instante. Dejó escapar un suspiro forzado y murmuró: «S-sí… Estoy segura de que soy la hija biológica de mi madre».
Lyle no respondió. Ya había obtenido la respuesta que buscaba.
Y la sola visión del rostro de Kylee en ese momento le provocó repugnancia.
No queriendo prolongar más una conversación tan vacía, inventó una excusa cualquiera y salió de la cafetería.
Ahora, sola en la sala, Kylee se sentó en silencio.
Sus ojos estaban fijos en el asiento que Lyle acababa de dejar, su rostro se oscureció, casi siniestro en su melancolía.
La familia Happer debía de haber descubierto ya algo.
Estaba segura de ello.
De lo contrario, ¿por qué Lyle le diría algo así? Y esta vez, lo sentía claramente: la actitud de Lyle hacia ella había cambiado.
La verdad sobre su identidad estaba a punto de salir a la luz.
Esa idea le provocó un nudo de angustia en el estómago.
¿Cómo habían llegado las cosas, poco a poco, a un estado tan desastroso?
La amargura brotó en su pecho, ahogándola con un resentimiento que apenas podía contener.
En un abrir y cerrar de ojos, pasaron dos días.
Hoy, un médico había cambiado su turno con Belinda, por lo que ella tenía el día libre.
Al mediodía, después de que Belinda y Kenia terminaran de comer, sonó el timbre de la mansión.
Unos instantes después, Margie entró para informarles: «Señora Lewis, Belinda, es Holley quien llama a la puerta».
Al oír ese nombre, un destello cruzó los ojos de Belinda.
«¿La dejo entrar?», preguntó Margie.
Los labios de Belinda esbozaron una leve sonrisa indiferente.
«Sí. Déjala entrar. Tengo curiosidad por saber qué tiene que decir».
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«Entendido», respondió Margie con brío antes de ir a abrir la puerta.
Al poco rato, regresó con Holley y la acompañó al salón.
Luego, Margie se excusó discretamente.
Holley saludó educadamente mientras su mirada recorría a las dos personas sentadas en el sofá.
«Mamá. Belinda».
Belinda apenas levantó la vista, con un tono casual pero con un filo de acero.
«¿Por qué estás aquí?».
Kenia no dijo nada. Solo miró a Holley, aunque su corazón estaba atrapado en una tormenta de emociones contradictorias. Sin querer, las palabras anteriores de Belinda le vinieron a la mente…
Incluso ahora, no podía aceptar del todo la verdad. No quería creer que la hija que había criado pudiera acabar así.
—¿He oído que has aceptado que Sarai vuelva a Owathe? —preguntó Holley sin rodeos, sin molestarse en fingir.
—Sí —respondió Belinda con frialdad.
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