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Capítulo 1822:
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«No entiendo lo que quieres decir con eso», dijo ella, con voz cortante y a la defensiva.
Elwood no se inmutó. Mantuvo la mirada fija en ella, firme como una roca.
«Carola, parece que tengo que ser un poco más claro contigo».
Dejó que las palabras calaran y luego asestó el golpe.
«Kylee es nuestra hija. ¿No es así?».
El corazón de Carola se retorció violentamente en su pecho, y una repentina opresión le cortó la respiración.
Aun así, se obligó a mantener la mirada fija en él.
«¿Qué tonterías estás diciendo? Kylee es hija de Baker y mía. No tiene nada que ver contigo».
La mirada de Elwood no vaciló.
«¿Ah, sí? Entonces, ¿qué pasaría si te dijera… que ya he hecho una prueba de paternidad con muestras de sangre de Kylee y mías? Los resultados no mienten».
Sus palabras la golpearon como un rayo. Lo sintió físicamente, un temblor que le recorrió los huesos.
Por un instante, incluso su respiración se detuvo, su mente luchando contra la conmoción.
Sus ojos se encendieron, rojos de rabia. Ella espetó, con los puños apretados a los costados: «¡Elwood! ¿Quién te dio el derecho de tomar la sangre de mi hija y hacer una prueba de paternidad?».
Elwood no se inmutó. Respondió: «Porque tenía que saber si era mi hija. Ya lo sospechaba antes, y ahora estoy seguro. La prueba lo ha confirmado: Kylee es mi hija. Es nuestra».
Carola se quedó sentada, con el rostro impasible, pero su silencio era pesado.
Un largo y tenso silencio se extendió entre ellos hasta que, por fin, Carola soltó una risa suave y sin alegría.
«Aunque Kylee sea tu hija, ¿y qué?».
Su voz era afilada como una navaja.
«Ahora mismo, ella es solo mi hija. Elwood… tú no eres más que una contribución biológica».
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Elwood no apartó la mirada de ella ni una sola vez desde que entró en la habitación. Observaba cada matiz de su expresión.
Cada destello de emoción en su rostro era genuino.
No estaba fingiendo. Estaba realmente conmocionada.
Y él confiaba en ella. Creía que Carola nunca le mentiría.
Una arruga de preocupación surcó su frente.
—Carola… dime qué pasó realmente entre nosotros en el pasado —dijo.
«¿Por qué rompimos? Decidiste tener a nuestro hijo después de nuestra ruptura y luego te casaste con otra persona con el mismo apellido que yo. Eso no puede ser una coincidencia. Seguro que aún sientes algo por mí. Entonces, ¿por qué? ¿Por qué nos separamos? ¿Por qué no me dijiste antes que estabas embarazada de mi hijo?».
En ese momento, se resentía a sí mismo por no recordar nada del pasado.
La compostura de Carola se resquebrajó ligeramente al oír sus palabras. Una sombra pasó por sus ojos, pero pronto desapareció.
Ella lo miró a los ojos, levantando la barbilla y esbozando una sonrisa fría.
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