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Capítulo 1689:
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«Kylee, no digas eso». La voz de Carola se suavizó, con el corazón encogido. «Mira a tu alrededor: nuestro mundo está cambiando y la medicina ha avanzado mucho. El VIH ya no es una sentencia de muerte. Con un tratamiento constante y disciplina, muchos nunca desarrollan síntomas. Además, tu abuelo ya ha fundado un instituto de investigación en el extranjero. Está lleno de las mentes médicas más brillantes dedicadas a la investigación del VIH. Quizás algún día, la cura no sea solo un sueño. Así que, por favor, Kylee, no te rindas. No pierdas la esperanza. ¿Me oyes?».
Las palabras de Carola despertaron algo en Kylee: una extraña mezcla de calidez, gratitud y una chispa de sorpresa. En ese mismo instante, su convicción se hizo más profunda: bajo ninguna circunstancia Carola podía descubrir su verdadera identidad. Porque si la verdad salía a la luz, todo lo que tenía ahora podría desaparecer.
Con ese pensamiento anclado en su mente, Kylee asintió con firmeza. «Sí, lo entiendo, mamá. Seguiré los consejos del médico. Tomaré la medicación según lo prescrito».
«Así se habla». Carola suspiró, visiblemente aliviada. «Sigamos comiendo».
«De acuerdo». Kylee bajó la mirada y sirvió en silencio la comida de su plato. En su interior, hizo una promesa silenciosa: Belinda debía pagar por todo el dolor que le había causado. Pero antes que nada, necesitaba encontrar una manera de ocupar el lugar de Belinda y hacer que Elwood la reconociera como su hija.
Solo entonces tendría el fuerte respaldo que necesitaba. De esa manera, incluso si iba tras Belinda, no tendría que vivir con el temor de la ira de Lucas.
Respirando lentamente, Kylee apretó con fuerza el tenedor, con la mente ya adelantándose dos pasos.
Mientras tanto, tras terminar de comer, Belinda y Lucas salieron del restaurante. Una vez en casa, Lucas guió a Belinda hasta el sofá y la invitó amablemente a sentarse a su lado.
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—Belinda, últimamente parece que tu atención está en todas partes menos en mí. Faye, Barbara, los Wright… Parece que hace siglos que no hablamos de nosotros. —Su tono denotaba un ligero rastro de dolor.
—¿Nosotros? —Belinda parpadeó con sus largas pestañas y esbozó una suave sonrisa—. ¿De qué quieres hablar sobre nosotros?
La expresión de Lucas se volvió seria. Bajó la voz, ronca por la emoción. —Desde que estamos juntos, ¿te has sentido feliz? ¿Satisfecha?
«Por supuesto», respondió Belinda sin dudar. Levantó las manos, acarició su rostro cincelado entre sus palmas y se inclinó hacia delante para darle un tierno beso en los labios. «Cada día contigo me llena de alegría». Sus palabras resonaban con honestidad y afecto.
Una luz brilló en los ojos de Lucas cuando escuchó su respuesta. La miró fijamente, con ojos profundos e inquisitivos. Con tranquila determinación, entreabrió los labios y dijo, con tono esperanzado: «Entonces… sobre volver a casarnos, ¿cuándo crees que deberíamos hacerlo?».
Atónita por las palabras de Lucas, Belinda se quedó paralizada, con la mente dando vueltas. Se quedó en silencio, incapaz de encontrar la voz durante lo que le pareció una eternidad. Su falta de respuesta lo decía todo, y el corazón de Lucas se hundió.
La realidad le golpeó con fuerza: ella ni siquiera había considerado la idea antes. Su rostro delató un destello de dolor, y sus ojos se apagaron con la decepción.
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