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Capítulo 1676:
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La hipnosis tenía como objetivo borrar a Carola de la mente de Elwood para siempre. Pero había sido saboteada por la misma asistente a la que Tasha había sobornado para interrumpir la sesión. ¿Qué había hecho? ¿Cómo había podido ser tan tonta? Ahora lo lamentaba de verdad.
Al otro lado de la habitación, Zaria esbozó una sutil sonrisa triunfante al ver cómo el arrepentimiento consumía a Tasha. Tasha había desempeñado su papel a la perfección.
Era ideal, mejor de lo que Zaria podría haber esperado. Gracias a la intromisión de Tasha, ni siquiera había tenido que actuar para conseguir lo que quería. Había mantenido sus manos limpias.
En ese momento, Tamara volvió a hablar…
—Elwood, por favor, no me guardes rencor. Todas las decisiones que he tomado provienen del amor que te tengo —dijo Tamara, con voz cargada de resignación. Dejó escapar un suspiro de cansancio y encogió los hombros.
Elwood la miró con una expresión serena pero distante, con un tono frío y resuelto. —A partir de ahora, mi vida me pertenece y no es asunto tuyo.
Las lágrimas brotaron de los ojos de Tamara, amenazando con derramarse. «Elwood, ¿cómo puedes decir eso? ¡Tus palabras me hieren profundamente! Como tu madre, ¿cómo no iba a preocuparme por tu vida? Todo lo que he hecho ha sido por tu bien. ¿Acaso te desearía algún mal?».
Elwood frunció el ceño y una chispa de frustración brilló en sus ojos. «¡Basta, mamá! Deja de intentar controlar mis decisiones. Ya no soy un niño; puedo manejar mi propia vida sin tu interferencia. Esta es mi última advertencia. Si vuelves a entrometerte, no esperes que me contenga la próxima vez. Espero haber sido claro. No es una amenaza en vano».
Con eso, Elwood se levantó bruscamente y se alejó, con pasos decididos que resonaban en la habitación.
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«¡Elwood! ¡Para!», le gritó Tamara, llevándose las manos al pecho, ya que sus palabras le habían causado dolor.
Pero Elwood no se detuvo ni miró atrás, con su determinación inquebrantable, desapareció por la puerta.
«Mamá, ahora mismo solo está enfadado. Nada de lo que le digas le hará entrar en razón», intentó consolarla Nalani.
Tamara parecía dolida. «¿Por qué no puede ver que solo quiero lo mejor para él?». Su dolor era palpable, todo su ser irradiaba tristeza.
Nalani permaneció en silencio, sintiéndose un poco resignada. Comenzó a cuestionarse su propio papel en la situación. ¿También ella se había extralimitado?
Siempre había creído que sus acciones eran por el bien de Elwood, pero ahora se preguntaba si él siquiera quería su ayuda. Al pensar en ello, Nalani sintió una punzada de incomodidad en el corazón.
El salón se sumió en un pesado silencio, con el aire cargado de pensamientos tácitos.
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