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Capítulo 1627:
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«Bueno, si se ha mudado, no habrá interrupciones», declaró Lucas con rotundidad.
Una vez más, Georgie se quedó sin palabras por un momento. Luego se recompuso y suavizó su tono. «Pero Lucas, echar a Faye tan repentinamente debe haberle destrozado el corazón. Probablemente ahora esté triste. Mañana deberías ponerte en contacto con ella y disculparte. Al menos así no se sentirá tan mal por ello».
Lucas soltó una risa que no tenía nada de graciosa. El sonido hizo que Georgie sintiera un repentino malestar en el estómago.
«Georgie, ¿todavía estás aturdida por el sueño? Esa es la única explicación que se me ocurre para una sugerencia tan ridícula», replicó Lucas, claramente indiferente al daño que sus palabras pudieran causar.
—Yo… —Georgie se mordió el labio inferior mientras un calor inundaba sus mejillas—. Acabo de despertarme, así que quizá no tengo la mente clara.
Lucas aprovechó la oportunidad para terminar la conversación. —Si todavía estás aturdida, vuelve a dormirte. No me hagas perder el tiempo con charlas sin sentido.
El rostro de Georgie se contrajo por la vergüenza al ver que su rechazo había dado en el blanco. «Está bien, lo entiendo. Probablemente tú también deberías descansar un poco».
Lucas no se molestó en responder y terminó la llamada.
Un silencioso bufido escapó de sus labios mientras se dirigía hacia el dormitorio.
Después de completar su rutina nocturna, Lucas se deslizó bajo las sábanas, donde le esperaba Belinda. Ella ya se había rendido al sueño, pero su cuerpo se inclinó instintivamente hacia el calor de él, con los ojos cerrados mientras se acurrucaba contra su pecho.
Lucas rodeó con el brazo el cuerpo dormido de ella y bajó la cabeza para besarle tiernamente la frente. Su voz fue poco más que un susurro.
«Buenas noches».
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«Mmm, buenas noches», murmuró Belinda en respuesta.
El drama de la noche los había dejado completamente agotados, sin energía para la pasión ni para una conversación prolongada. Simplemente se fundieron en el abrazo del otro y dejaron que el sueño los invadiera.
Al día siguiente.
Zaria se había quedado dormida. Cuando finalmente se despertó y bajó las escaleras, el reloj ya había pasado las diez. Todavía se frotaba los ojos para quitarse el sueño mientras bajaba las escaleras, pero cuando su mirada se posó en la inesperada figura que ocupaba el sofá de su salón, todo su cuerpo se tensó por la sorpresa.
—Zaria, ¿por fin te has levantado? —La voz de Tamara resonó en la habitación.
Zaria tragó saliva y esbozó una sonrisa forzada mientras se dirigía al salón. —El doctor Brooks está aquí.
El hombre sentado cómodamente en su sofá era, sin lugar a dudas, el psicólogo personal de Elwood.
—Señora Wright —el Dr. Brooks reconoció la presencia de Zaria con profesionalidad, con una sonrisa pulida y tranquilizadora.
Zaria luchó por darle un tono despreocupado a su voz, aunque su corazón latía con fuerza contra sus costillas. —¿Qué le trae por mi casa esta mañana?
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