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Capítulo 1417:
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Belinda, sin embargo, no quería indagar.
A pesar de que la tensión entre ellas se había relajado últimamente, su relación aún carecía de la cercanía que le daba derecho a preguntarle sobre esas cosas.
Aun así, rompió el silencio. —Carola —comenzó con delicadeza—, querías hablar conmigo hoy… ¿Qué quieres discutir conmigo?
Carola volvió lentamente al presente. Miró a Belinda, con tono mesurado.
—Me enteré de las inyecciones de hormonas que te obligaron a tomar cuando eras niña.
Hizo una pausa, evaluando la reacción de Belinda. En realidad, lo sabía desde hacía bastante tiempo.
Y, técnicamente, no era asunto suyo. Belinda era la hija ilegítima de su marido; no debería haberle importado.
Sin embargo, a pesar de sí misma, esa historia se había quedado grabada en su mente. Sentía una profunda empatía por Belinda.
Después de mucho dudar, la había invitado a comer, no para juzgarla ni acusarla, sino simplemente para ofrecerle un poco de consuelo.
Cuando salió el tema, la expresión de Belinda se volvió fría.
Parpadeó una vez y dijo: «¿No crees que todo esto es… absurdo?».
Carola se sentó más erguida, con el rostro solemne. «Lo que hicieron Baker y Holley es imperdonable. Sus acciones como padres fueron despiadadas, incluso crueles».
Luego, su voz se suavizó. «Sé que es difícil, pero… intenta no enfadarte demasiado por ello».
Sin embargo, al pronunciar esas palabras, incluso ella misma pudo sentir lo impotentes que eran.
¿Cómo podía alguien no enfadarse por algo así?
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Belinda permaneció en silencio.
Sus pensamientos volvieron a algo casi ridículo.
Recordó cómo Holley había calumniado y acusado a Carola delante de ella, afirmando que Carola podría ser la que estaba pidiendo a la gente que le inyectara las hormonas.
Pero era mentira.
Una mentira descarada, desvergonzada y deliberada.
¿Cómo había podido Holley decir una mentira tan descarada y sin fundamento con tan poca vergüenza?
Los labios de Belinda se curvaron en una leve sonrisa irónica. No había calidez en ella, solo una tranquila tristeza.
Su voz era baja cuando habló. —Dime, Carola… ¿Qué clase de padres harían daño a su propia hija de esa manera?
Carola se quedó sin palabras.
No podía evitar preguntarse cómo alguien podía ser tan cruel con su propia hija.
Si alguien tratara así a su hija, ¡Carola nunca lo perdonaría!
Por eso no entendía cómo Holley y Baker habían sido capaces de hacerle eso a su propia hija.
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