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Capítulo 1245:
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Pero sus gritos pronto se silenciaron cuando uno de los guardaespaldas le metió un trapo en la boca, ahogando sus súplicas en gemidos ininteligibles.
La desesperación envolvió a Verena.
Con el destino de Verena sellado, Lucas reanudó su trabajo sin mostrar emoción alguna, como si todo lo sucedido no hubiera sido más que un asunto trivial.
No volvió a pensar en Verena.
Una vez que terminó sus tareas del día, salió de la oficina y se dirigió a casa.
En cuanto entró, el aroma de la comida casera le dio la bienvenida. Su mirada se posó en la mesa del comedor, donde Belinda había preparado un festín con sus platos favoritos, elaborados con mucho cariño. Una sonrisa se dibujó en sus labios y su estado de ánimo mejoró al instante.
Después de cenar, Lucas y Belinda llevaron a Kenia a dar un paseo.
Al regresar, Kenia se retiró a su habitación, mientras que Lucas y Belinda se retiraron a la suya.
Fue entonces cuando Lucas finalmente le reveló a Belinda el castigo que le había impuesto a Verena…
Después de asimilar todo lo que Lucas le había dicho, Belinda se sumió en un silencio pensativo.
A decir verdad, se sintió un poco conmocionada.
No esperaba que Lucas manejara las cosas de esa manera.
Reflexionando sobre el pasado, cuando Verena había echado algo en la bebida de Lucas, su respuesta había sido simplemente romper toda relación con ella y seguir adelante. Pero esta vez…
Lucas, al percibir el sutil cambio en el comportamiento de Belinda, ladeó la cabeza y le preguntó: «¿Crees que esta vez he ido demasiado lejos?».
Belinda negó con la cabeza suavemente y respondió con voz firme: «No, en absoluto. Solo estoy… un poco sorprendida, eso es todo. No me lo esperaba de ti».
Después de todo lo que Verena le había hecho pasar, no creía que el castigo de Lucas fuera cruel.
En su opinión, Verena estaba recibiendo su merecido.
Lucas apretó con fuerza la mano de Belinda y, con expresión grave, le dijo con voz tranquila pero intensa: —Cualquiera que se atreva a hacerte daño, o siquiera lo considere, sufrirá graves consecuencias. Deben sentir el peso de sus decisiones, comprender que cruzarse en tu camino tiene un precio que no podrán pagar. Solo así se atreverán a hacerte daño.
—Lo entiendo —dijo Belinda, esbozando una leve sonrisa de agradecimiento.
Naturalmente, sintió una oleada de gratitud al ver a Lucas defenderla con tanta ferocidad y exigir justicia para ella.
En ese momento, una idea repentina pareció golpear a Lucas. Su mirada penetrante se agudizó y su voz bajó a un tono grave y ronco. —Ya tengo gente vigilando de cerca a Verena. Tengo curiosidad por ver si se pone en contacto con la persona que mueve los hilos.
Belinda asintió con la cabeza. —Buena idea. Cuando se vea acorralada así, sin ningún sitio al que acudir, su instinto la llevará a buscar ayuda. La persona que está detrás de ella es ahora su última esperanza.
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