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Capítulo 1208:
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Kenia, manteniendo una expresión estoica, retiró la mano bruscamente.
Holley frunció el ceño y miró a Kenia con evidente dolor. «Mamá, ¿qué puedo hacer para ganarme tu perdón? ¿Vas a ignorarme para siempre? ¡Sigo siendo tu hija!».
Sus palabras parecieron tocarle la fibra sensible. Kenia se dio la vuelta, con los ojos encendidos por la ira y la decepción. —Belinda también es tu hija. Pero, ¿cómo la has tratado? ¡La traicionaste y conspiraste contra ella! Teniendo eso en cuenta, no creo que me vayas a tratar bien.
Kenia se burló. —¡Las lágrimas que derramas ahora ante mí no son más que lágrimas de cocodrilo! ¡Todo es hipocresía!
Holley negó con la cabeza, sin saber qué decirle a Kenia para explicarle la situación. En su corazón, el significado de Kenia y Belinda era completamente diferente.
—¡Hasta que Belinda te perdone, no te molestes en volver a visitarme! —declaró Kenia, impulsando su silla de ruedas hacia el ascensor.
—¡Mamá! —la llamó Holley. Pero Kenia actuó como si no la hubiera oído.
Angustiada, Holley se mordió el labio, reflexionó un momento y luego decidió hablar con Belinda.
Subió rápidamente las escaleras, llegó a la puerta de Belinda y llamó. Un minuto después, la puerta se abrió desde dentro…
Belinda no se sorprendió al ver a Holley delante de la puerta. «¿Qué quieres?», preguntó con voz indiferente.
Holley la miró a los ojos y le suplicó en voz baja: «¿Podemos hablar, por favor?».
La risa de Belinda fue débil y teñida de sarcasmo. —Ya te dije todo lo que tenía que decirte en el hotel. No tenemos nada más que discutir. —Y con eso, se dispuso a cerrar la puerta.
—¡Belinda! —Holley actuó con rapidez, presionando la puerta con la mano para impedir que se cerrara.
La irritación se apoderó del rostro de Belinda. Frunció el ceño. —¿Ahora qué, Holley? Dejarte entrar no significa que te haya perdonado. Solo lo hice para evitarle problemas a la abuela, no por ti».
Holley se puso pálida como un fantasma. Tardó un momento en recuperar la voz. «Sé que me equivoqué. ¿Puedes perdonarme, solo esta vez? Tu abuela dijo que no volvería a verme si no me perdonabas…».
«¿En serio?», preguntó Belinda, levantando una ceja.
Holley asintió con sinceridad. —Lo ha dicho ahora mismo. Te juro que es verdad.
Con una sonrisa fría y burlona, Belinda respondió: —Entonces puedes olvidarte de volver a verla. Porque yo nunca te perdonaré. ¡Ni en esta vida! Su tono era tajante, sin dejar lugar a discusión.
Holley se quedó sin palabras. —Tú…
Belinda la interrumpió antes de que pudiera continuar: —Vete ya. A continuación, cerró la puerta de un portazo con decisión.
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