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Capítulo 1168:
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Kenia exhaló un suspiro de cansancio. —Belinda, entiendo que temes por mi bienestar, que temes que la verdad sea demasiado para mí. Pero ¿te das cuenta de que estar en la ignorancia, cuestionándome constantemente y atormentándome con preguntas sin respuesta, es un tormento en sí mismo? Belinda, confía en mí. Soy más fuerte de lo que crees. Puedo soportar la verdad. Por favor, solo dime qué pasó».
Belinda permaneció en silencio, pero su expresión rígida se suavizó gradualmente. Sabía que no podía ocultarle el asunto a su abuela para siempre. Sin embargo, con Kenia aún en recuperación, temía ser una carga adicional para ella. No obstante, si seguía evadiendo la verdad, la preocupación constante de Kenia solo obstaculizaría su recuperación.
Tras un largo momento de vacilación, Belinda finalmente decidió contarle la verdad a Kenia. Apretó los labios durante un instante y miró a Kenia con seriedad inquebrantable. —Está bien, te lo contaré todo. Pero, abuela, debes prometerme algo: no dejarás que esto te afecte demasiado. Tienes que mantener la calma.
Kenia respiró hondo y asintió con la cabeza. —Lo prometo.
«Todo comenzó el día que Lucas te visitó en el hospital. En ese momento…».
Como había decidido hablar, Belinda no se guardó nada y le contó todos los dolorosos detalles, desde el principio hasta el final. Cuando terminó de hablar, vio cómo se le iba el color de la cara a Kenia y cómo su expresión se tornaba de total incredulidad.
Aunque Kenia sospechaba que Sarai podría haberle hecho daño a Belinda de alguna manera, nunca había imaginado que la realidad fuera así. Siempre había sabido que Sarai sentía algo por Lucas, pero nunca había pensado que Sarai actuaría en consecuencia. Después de todo, Sarai y Belinda habían sido amigas íntimas durante años. Nunca había pensado que Sarai intentaría robarle el novio a Belinda.
Pero ahora, la realidad la golpeó como un mazazo.
Y Holley…
¡Era la madre de Belinda! Una madre que, para proteger sus propios secretos, había recurrido a medidas tan crueles contra su propia hija. Ahora Kenia entendía por qué Belinda había dudado en revelarle la verdad. Porque la verdad era insoportable.
A Kenia se le hizo un nudo en la garganta. Y en el momento en que intentó hablar, su respiración se volvió irregular.
—Abuela, ¿estás bien? —Belinda corrió a su lado y le frotó suavemente la espalda para intentar calmar su respiración.
Kenia respiró superficialmente y agitó una mano temblorosa. —Estaré bien. Es solo que… es mucho que asimilar. Solo necesito un momento para recomponerme.
Belinda frunció profundamente el ceño con preocupación mientras observaba a su abuela luchar contra el peso de la revelación.
Sintiendo la preocupación de Belinda, Kenia esbozó una débil sonrisa. —No te preocupes por mí, querida. De verdad, estaré bien.
—Abuela, por favor, no te enfades por esto —dijo Belinda en voz baja. Al oír esas palabras, a Kenia se le llenaron los ojos de lágrimas. Su voz temblaba mientras murmuraba: —Belinda, sé que tú eres la que más ha sufrido con todo esto.
La realidad de la situación le pareció a Belinda la verdad más insoportable a la que se había enfrentado jamás. Sobre todo porque la persona que había conspirado con Sarai no era otra que su propia madre biológica, una traición que aumentaba su angustia.
Tras escuchar las palabras de su abuela, Belinda bajó la mirada. A pesar del tiempo transcurrido, no conseguía aceptar del todo la cruda realidad, aunque había aprendido a convivir con ella a regañadientes. Se dio cuenta de que ciertas personas no cambian.
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