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Capítulo 272:
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Rió suavemente.
«No digas tonterías.
Date la vuelta, por favor; te lo pondré».
Obedecí sin rechistar.
Me abrochó la cadena de plata alrededor del cuello, de modo que el pendiente de diamante refulgía en mi clavícula, como si fuese una parte intrínseca de la misma.
Yo estaba desbordante de felicidad y me enorgullecía el hecho de que me hubiera dado aquel espléndido regalo.
Realmente iba a pasar el día de San Valentín conmigo, como me lo había prometido hacía 5 años; en esa fecha ya no recibiría rosas tras las cuales se ocultaban intenciones maliciosas.
Mi alegría contrastaba dramáticamente con el estado de ánimo de Lily, que parecía sorprendida y daba la impresión de ocultar algo.
«¿Dónde está tu collar de rubíes?», me preguntó.
La miré levemente confundida, pues, considerando su desprecio hacia mí, no pensé que se diera cuenta de algo tan sencillo como un collar.
«Se lo quitó y lo dejó en mi habitación del palacio», repuso él antes de que yo hubiera tenido tiempo de replicar.
No comprendía la rabia de Lily, pero conocía bien el carácter de Marco.
Aunque para un observador desprevenido ello habría pasado desapercibido, advertí un destello en los ojos de él cuando respondió de esa manera, como si hubiera previsto la agitación de Lily y esperara aquella pregunta.
Tomó mi mano, interrumpiendo mis reflexiones, y nos dirigimos a casa juntos.
Ya era tarde y Claire había regresado a casa del colegio.
Nos saludó con alegría junto a la puerta y advertí que miraba con entusiasmo nuestras manos entrelazadas.
Antes de que hubiera tenido la oportunidad de preguntarle sobre los sucesos de su jornada escolar, me preguntó repentinamente:
«¿Van a dormir en la misma habitación esta noche?»
Luego, nos guiñó un ojo con picardía, mientras la mirábamos muy sorprendidos.
«Mis amigos en la escuela me dijeron que sus padres duermen juntos», se explayó al ver que guardábamos silencio.
Nuevamente, no supimos qué responder a sus preguntas infantiles, así que tratamos de desviar el rumbo de la conversación.
Sin embargo, a lo largo de toda la noche, sacó a relucir ese asunto.
Ante su insistencia, tuvimos que fingir que pasaríamos la noche en la misma habitación.
«¿Y ahora qué vamos a hacer? Es muy insistente; seguramente no dejará de hablar al respecto», le dije a Marco cuando estuvimos a solas.
«Lo sé, lo sé…», replicó lanzando un suspiro.
Inclinó la cabeza en actitud pensativa.
«Tal vez deberíamos dormir en la misma habitación para hacerle creer que estamos enamorados.
Será solo por esta noche; seguramente después se olvidará del asunto», sugirió.
Obviamente, yo estaba muy sorprendida.
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