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Capítulo 258:
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El resto del mundo se desvaneció, y en su campo de visión solo quedó una luz brillante. Allí estaba su padre, de pie. Se veía imponente, fuerte, noble, y mucho más joven. Parecía tener aproximadamente 30 años, la edad que Peyton recordaba de él en sus recuerdos más nítidos.
Sus ojos estaban llenos de lágrimas mientras él le sonreía.
«¿Qué te he dicho acerca de llorar, pequeña?», le preguntó su padre, sollozando. Con una mano, se secó las lágrimas de sus mejillas.
«Que el llanto es señal de debilidad. Pero la verdad es que me siento muy triste, papi; es natural llorar cuando se está triste», respondió Peyton, aún sollozando.
El rey sonrió levemente y dijo: «Claro, cariño. Pero, ¿por qué te sientes tan triste?»
Peyton sollozó un par de veces antes de responder: «Porque estoy triste y molesta por haberte lastimado, papi».
El rey inclinó su cabeza con una sonrisa triste y contestó: «Simplemente cometiste un error, pequeña, pero no te preocupes por ello; todos cometemos errores».
«Pero este error fue demasiado grave», replicó Peyton, haciendo un ademán de negación con la cabeza.
«Eso no significa que debas huir», objetó su padre.
Abrió los ojos desmesuradamente, pues creyó que su padre sabía que había intentado suicidarse.
«Todos debemos afrontar nuestros errores, a pesar de lo serios que puedan ser. La gente que verdaderamente te ama permanecerá a tu lado sin importar la gravedad de tus faltas. Por favor, olvida las acciones huidizas, ¿de acuerdo?», sentenció su padre.
Peyton asintió, y luego dijo lo que tanto ansiaba expresar: «Lo siento mucho, papi. Estoy muy arrepentida».
«Te perdono, cariño», le respondió sonriendo.
Antes de que ella pudiera decir algo más, Peyton, lanzando un grito ahogado, dejó de ver aquella alucinación. Finalmente, las tinieblas de su corazón se disiparon y sus heridas comenzaron a sanar.
A su lado estaba sentada Isabella, y Peyton se volvió hacia ella, deseosa de relatarle su visión. Pero antes de que pudiera decirle algo, Isabella declaró: «Hay otra persona a la que deberías pedirle disculpas».
Entonces, Peyton abrió los ojos aún más, pues de inmediato comprendió a quién se refería Isabella: su compañero predestinado.
En cuanto fue dada de alta del hospital, se dirigió apresuradamente a su encuentro.
Punto de vista de Tanya
Me despedí de Isabella y dejé que pasara algún tiempo a solas con Peyton.
Justo en el momento en que salía del hospital, vi a Marco esperándome en la puerta. Aceleré el paso para llegar hasta él, mientras una mezcla de emoción y nerviosismo crecía en mi estómago. Sin embargo, disminuí la velocidad al notar cuán pálido estaba; su aspecto era verdaderamente lamentable.
Inicialmente lo saludé con un tono de voz suave, y luego emprendimos el camino de regreso a nuestra residencia. Mientras caminábamos, no podía dejar de pensar en el hecho de que la verdad sobre la deplorable situación en la que se había visto envuelta Peyton finalmente había salido a la luz. Pensaba en su romance y su posterior deseo de envenenarse debido al sentimiento de culpa que la embargaba. Pero, si ella había expresado sus temores y había revelado sus verdaderos sentimientos, entonces ese año no habría sido tiempo perdido.
Esto me llevaba a pensar en mi situación con Marco. Si él no tomaba la iniciativa, yo tendría que hacerlo.
«Hablé con Isabella y me dijo que ver parejas felices no constituye un entretenimiento para ella», le dije sin rodeos, ansiosa por ver su reacción.
Al oír mis palabras, se puso tenso y su andar se tornó vacilante, pero aparte de eso, no mostró ninguna otra emoción, así que decidí ser más incisiva.
«No creo que me hayas hecho firmar el contrato matrimonial debido a Isabella», señalé.
Impertérrito, ni siquiera me miró.
«La verdadera razón fue que querías estar junto a mí, pero te rehusas a admitirlo».
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