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Capítulo 237:
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Cuando finalmente lo tuvo en sus manos, le pareció extremadamente familiar, y al darle la vuelta entendió el por qué.
Sus iniciales y las de Tanya estaban escritas en él.
En ese momento, un relámpago atravesó el cielo y la lluvia comenzó a caer.
Fue como si el agua limpiara aquello que no le permitía ver más allá en sus recuerdos, porque en ese instante todo volvió a él.
El rostro de la mujer en sus sueños comenzó a tomar forma y descubrió que era Tanya.
Punto de vista de Tanya
Era de noche y yo estaba lavando los platos de la cena.
Debido a que el fregadero estaba contra la ventana, pude ver que había comenzado a llover y que el agua golpeaba implacablemente contra el cristal.
No supe si fue por el clima, pero una sensación de pánico se apoderó de mí de repente.
Como si fuera mi instinto, comencé a pasar mis dedos por mi cabello.
Me dije a mí misma que no había nada que temer y que todo estaba bien.
Fue entonces que pude sentir la irregularidad en la piel de mi cuello.
Era la marca que Marco me había hecho.
Ahora sí tenía una buena razón para entrar en pánico.
Por fin entendí por qué Marco había apartado mi cabello el día de la boda y por qué había tardado tanto en subir el cierre.
Estaba segura de que había visto mi marca.
No pude creerlo.
¿Sería posible que ya hubiera recuperado sus recuerdos?
No podía esperar hasta la mañana siguiente para confirmarlo, necesitaba hablar con él en ese mismo momento.
Dejé los platos en el fregadero y salí corriendo sin importarme la lluvia.
Toqué su puerta, pero nadie salió.
Esperé un poco más con la esperanza de que abriera, pero estaba claro que no estaba en casa.
Comencé a buscarlo, pero no lo encontré por ninguna parte.
El último lugar al que decidí ir fue al árbol de la luna azul.
Sin embargo, debido a lo oscuro que estaba, me perdí.
De repente, escuché pasos detrás de mí, y al darme la vuelta, lo vi.
¡Era Marco! Él también estaba empapado y se veía muy imponente e intimidante debido a la oscuridad que nos rodeaba.
Verlo así hizo que un escalofrío recorriera mi cuerpo.
«¿Ya lo recuerdas?»
Él asintió y dijo: «Si no te hubiera enviado esa señal, ¿te ibas a molestar en decírmelo?».
No pude evitar sentirme mal al escuchar el sarcasmo en su tono y negué con la cabeza de inmediato.
“Te lo iba a decir…”
Marco terminó la frase por mí.
“Mañana, ¿cierto?”.
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