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Capítulo 104:
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Comencé a retroceder y su mano se movió hacia la mía; envolvió mi muñeca con sus dedos.
Sorprendida, abrí los ojos como platos mientras sostenía mi muñeca en medio de su sueño. La fuerza de su agarre no me lastimaba, pero era suficiente para impedir que me soltara.
Su respiración se había estabilizado, pero cuando traté de liberarme, simplemente me atrajo hacia él aún más.
Solté un grito ahogado cuando tiró de mi muñeca, haciéndome perder ligeramente el equilibrio, lo que hizo que chocara contra él.
Permanecí completamente inmóvil durante unos instantes, temiendo haberlo despertado al caer en sus brazos, pero advertí que aún dormía.
Sin despertarse, se movió ligeramente a mi alrededor, envolviéndome en un abrazo. La forma en que envolvía sus brazos alrededor de mi cuerpo era a la vez posesiva y relajante. Su cuerpo se sentía tan cálido y firme cuando me estrechaba contra él que era como si saltaran chispas en cada uno de los rincones de mi cuerpo que tocaba.
Lo observé durante un rato, sintiéndome aliviada al ver que la tensión había desaparecido de su rostro. La característica rudeza de sus rasgos se había desvanecido y ahora, mientras dormía, ofrecía un aspecto pacífico; parecía estar contento. Estaba sumido en un profundo sueño y no era consciente de que me había atraído hacia él; sus dedos me acariciaban levemente, haciendo que mi piel se erizara.
«¿Marco?» susurré, sin saber qué hacer.
Pero él no musitó palabra. Reaccionó al sonido de mi voz atrayéndome aún más hacia él y bajando la barbilla; ahora sus labios rozaban los míos. Aquel beso era provocadoramente suave; sus labios eran tan ligeros como una pluma.
Sorprendida, despegué ligeramente los míos mientras sensaciones de asombro y deleite fluían por todo mi cuerpo, como una respiración profunda. Me sentía viva y alerta, pero al mismo tiempo relajada y cómoda.
Me recosté sobre él y cerré los ojos mientras su beso hacía que todo mi ser se derritiera.
Punto de vista de Tanya
Una vez que me sentí completamente recuperada, comencé a visitar con frecuencia a Lady Vivian en el palacio, ansiosa por aprender los entresijos de su oficio. Los días que pasaba trabajando como su aprendiz pronto se convirtieron en los más entretenidos de la semana.
Aunque el ala del palacio que ocupaba no era tan espectacular como el salón de baile o el salón principal, tan pronto como traspuse el umbral de la puerta, noté que aquel lugar irradiaba amor.
Vivian era una mujer muy delicada y se comportaba con una gracia y dignidad dignas de admiración. Pese a ser una mujer madura, tenía una apariencia juvenil; algunas pequeñas arrugas que se formaban alrededor de sus ojos cuando sonreía le conferían una apariencia amistosa y encantadora.
«Debes proceder con sumo cuidado al diluir los aceites, querida», me advertía mientras me observaba verter el contenido de un gotero en una botella más grande. «Recuerda que la concentración del extracto incidirá sobre la intensidad y duración de la fragancia.»
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