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Capítulo 1846:
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De joven, nunca había sentido ni una chispa de atracción por nadie, ni por hombres ni por mujeres. Siempre se había sentido satisfecha por sí misma. Pero ahora, un atisbo de preocupación se agitó en su interior. Jesse era amable, guapo, cortés y procedía de una familia sólida. La trataba con cuidado y respeto. Con alguien como él en su vida, le preocupaba que esa cercanía pudiera convertirse algún día en algo más.
—Ya has dicho eso antes —respondió Jesse, con voz firme y sin vacilar.
Los ojos de Alayna se demoraron en él, escrutándolo, como si se preguntara si realmente entendía lo que ella quería decir.
Mientras sus pensamientos se arremolinaban, Jesse volvió a hablar, con la mirada fija en la carretera. —Ya hemos establecido las condiciones de nuestro matrimonio en el acuerdo. No hay por qué complicar demasiado las cosas.
—¿Estás… secretamente enamorado de mí? —preguntó Alayna sin rodeos, aunque su expresión se mantuvo tan fría como siempre.
Jesse se detuvo un instante, sin saber muy bien cómo responder. La miró brevemente antes de volver la vista a la carretera. —No me ando con enamoramientos secretos.
Si sentía algo por alguien, lo expresaría abiertamente. O acabarían juntos, o él acabaría con esos sentimientos antes de que tuvieran oportunidad de echar raíces.
«Entonces, ¿por qué me tratas tan bien?», insistió ella.
«Porque eres mi prometida», respondió él sencillamente.
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«¿Significa algo para ti una prometida sin amor?».
«Mereces que te traten bien», dijo Jesse sin titubear.
Sus palabras le permitieron a Alayna vislumbrar discretamente cómo funcionaba su mente.
Entonces, de la nada, Jesse preguntó: «¿Quieres una boda por todo lo alto?».
«No», respondió ella al instante.
Una boda por todo lo alto era para dos personas profundamente enamoradas, dispuestas a construir una vida juntas. Ellos eran compañeros en un acuerdo práctico, y ella quería dejar esa línea muy clara. Además, la idea no le resultaba atractiva en absoluto.
«Pronto se correrá la voz en nuestro círculo de que tengo una prometida», dijo Jesse, pensándolo bien. «¿Deberíamos compartir la noticia o mantenerla en secreto?»
«En secreto», respondió Alayna. Simplemente quería centrarse en su investigación sin ningún alboroto.
Jesse asintió, respetando su decisión. «Entendido».
Era última hora de la tarde, poco después de las tres, cuando llegaron a casa.
Al entrar, Jesse se detuvo al ver a Nina haciendo las maletas. «¿Qué pasa?», preguntó, desconcertado.
«Haciendo las maletas», dijo Nina con sencillez, mientras cerraba ya la cremallera de dos maletas y clasificaba objetos más pequeños. «Acabáis de comprometeros. Es natural que queráis un poco de espacio. Como vuestra hermana cariñosa y considerada, os lo voy a dar».
Claro, su matrimonio era un acuerdo práctico, pero cuando dos personas atractivas con intereses comunes pasaban tiempo juntas, las cosas podían evolucionar. Si se quedaba, podría estropear el ambiente.
«No hace falta», dijo Jesse rápidamente.
Nina parpadeó, desconcertada. Le lanzó una mirada que gritaba: ¿es que no te das cuenta?
Jesse frunció el ceño, sin captar la indirecta.
Nina le lanzó otra mirada penetrante, deseando que entendiera que estaba intentando darles a él y a Alayna algo de tiempo a solas.
«Esta no es nuestra base de operaciones», explicó Jesse con sencillez. «Es solo un lugar para que nos relajemos o recibamos a amigos cuando estamos libres».
Nina lo miró entrecerrando los ojos. «¿Quieres que me quede?».
«Sí», dijo Jesse con firmeza. «Cuando Damian venga más tarde, también puedes traerlo aquí».
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