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Capítulo 97:
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«¡Rachel!». Al verla llorar tan desesperadamente, Brian instintivamente extendió la mano y posó los dedos justo encima de su hombro.
Rachel se secó las lágrimas y se enderezó. En un instante, sus impresionantes rasgos recuperaron su compostura habitual. —Así que, cuando cenemos con Jeffrey, quiero que parezcamos una pareja feliz. No quiero que se preocupe por mí, ni que se sienta incómodo. ¿Puedes hacerlo?
Brian asintió levemente, pero el peso en su pecho era asfixiante. Ella le había pedido que se quedara por Jeffrey.
—Y, si es posible, ¿puedes asegurarte de que Jeffrey no se encuentre con Tracy hoy?
—Se lo diré a Ronald.
—Gracias.
Con un silencioso «gracias», Rachel se dio la vuelta y salió.
A las cinco de la tarde, Jeffrey ya estaba esperando ansioso la llegada de Brian. Después de casi ahogarse, se había recuperado sorprendentemente rápido y ahora estaba muy animado.
—Rachel, ¿crees que este traje me queda bien? —preguntó, de pie frente al espejo por tercera vez. Rachel esbozó una pequeña sonrisa.
Era Brian, ¿realmente tenía que esforzarse tanto?
«Estás genial. Confía en mí, te queda bien todo», respondió ella. Pero Jeffrey seguía sin parecer satisfecho.
«He oído que los hombres están más guapos con traje. Rachel, ¿me compras uno?», preguntó de repente, con tono expectante. Rachel parpadeó, sorprendida por la petición.
Luego, una cálida sonrisa se dibujó en sus labios. «Por supuesto. Si eso es lo que quieres, vamos a elegir uno ahora mismo».
Los dos entraron en una boutique, rodeados de una gran variedad de trajes elegantes y conjuntos refinados.
—Rachel, ayúdame a elegir —dijo Jeffrey, mirando a su alrededor con incertidumbre.
Rachel echó un vistazo a las opciones antes de seleccionar un traje azul oscuro con un sutil estampado. El color era atrevido, pero sabía que resaltaría los rasgos afilados de Jeffrey.
—Pruébatelo.
—De acuerdo.
Unos minutos más tarde, Jeffrey salió del probador. Vestido con el traje a medida, parecía más alto, más seguro de sí mismo. Rachel sintió un calor inesperado en el pecho. Pero debajo de él, persistía un dolor silencioso. Si su madre pudiera verlo ahora, estaría muy orgullosa.
—¿Qué tal estoy? —preguntó Jeffrey, con voz teñida de emoción.
Rachel se acercó y le ajustó la corbata, con una sonrisa radiante. —Pareces una estrella. No podría estar más orgullosa.
El rostro de Jeffrey se iluminó, su felicidad era evidente.
Luego, sus ojos se desviaron hacia la sección de mujeres. —Deberías comprarte algo para ti también.
—¡No es necesario! —Rachel rechazó la oferta instintivamente.
Jeffrey le tomó la mano con firmeza, pero con delicadeza. —Quiero que tú también estés guapa. ¡Por favor, elige algo!
Era raro que hablara con tanta suavidad, casi suplicando.
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