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Capítulo 91:
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Rachel apenas se había acomodado en la habitación de Jeffrey cuando alguien llamó a la puerta.
Se giró y vio a Ronald entrar. —Señorita Marsh, ¿pueden hablar un momento su hermano y usted?
Rachel intercambió una mirada con Jeffrey antes de asentir. —Sí.
Ronald hizo un gesto hacia el pasillo y, unos instantes después, Doris entró. Rachel arqueó ligeramente las cejas. No se lo esperaba.
Doris dudó un momento y luego habló. —Rachel, he venido a pedirte perdón. —Su voz era firme, pero su postura era deferente, como si se preparara para lo que pudiera venir a continuación.
Rachel la estudió durante un segundo y luego entrecerró los ojos. —Qué rápido —comentó.
Ronald, percibiendo su escepticismo, explicó: —Cuando ocurrió el accidente de tu hermano, el señor White sospechó que algo no iba bien. Empezó a investigar inmediatamente y la trajo aquí durante la noche.
—¿Ah, sí? —Una leve sonrisa se dibujó en los labios de Rachel.
Algunos gestos, por muy rápidos que sean, llegan demasiado tarde. Si Brian hubiera mostrado tanta iniciativa aquel día en que ella le suplicó que confiara en él, quizá su historia habría sido diferente.
—Puedes irte.
Rachel despidió a Doris con fría indiferencia.
Doris se quedó paralizada por un instante antes de que el alivio se apoderara de su rostro. Se había preparado para una confrontación mucho más dura, dispuesta a soportar cualquier cosa que Rachel le exigiera para satisfacer los requisitos de Brian. Esa despedida tan fácil la tomó por sorpresa.
—Gracias, Rachel. Te juro que no volverá a pasar.
Cuando Doris se enderezó para marcharse, la penetrante mirada de Rachel la paralizó. Su voz cortó el aire como el hielo del invierno. —Porque no todas las disculpas merecen perdón.
Esta vez, Jeffrey salió ileso, lo cual fue un golpe de suerte. Si le hubieran hecho daño, Rachel nunca habría dejado marchar a Doris. Se habría asegurado de que Doris pagara por ello.
De repente, el rostro de Doris se tensó. —Rachel, ¿a qué… a qué te refieres?
«Ya sabes a qué me refiero», respondió Rachel.
Doris bajó la mirada, reconociendo la postura firme de Rachel de no ofrecer perdón. Sin embargo, pronto levantó la mirada, con lágrimas corriendo por su rostro, transmitiendo una desesperación absoluta.
«Rachel, te pido perdón. Ahora me doy cuenta de lo equivocada que estaba y de que casi le hago daño a tu hermano. Lamento profundamente mis actos. Por favor, ¿puedes encontrar en tu corazón la fuerza para perdonarme? He llegado muy lejos y haré lo que sea necesario para enmendar mi error», suplicó Doris con tristeza.
Agotada por la confrontación, Rachel no tenía fuerzas para seguir discutiendo y ansiaba un poco de paz. Volviéndose hacia Ronald, le dijo: —Ronald, por favor, acompáñala fuera. Necesito descansar.
Ronald dudó un momento. Luego, agarró con firmeza el brazo de Doris. —Señora Santos, tenemos que irnos.
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