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Capítulo 73:
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Las imágenes de alrededor de las 3:40 a. m. mostraban a Jeffrey, completamente vestido, abriendo sigilosamente la puerta de su habitación. Se deslizó hacia el pasillo, con movimientos deliberados y silenciosos, aparentemente deseoso de no ser descubierto.
El corazón de Rachel se hundió al ver a Jeffrey salir del hotel y dirigirse hacia la carretera principal, sintiendo como si la tierra se hubiera movido bajo sus pies.
«¿Hay alguna grabación del exterior?», preguntó con urgencia.
La recepcionista respondió con un gesto de pesar. «Lo siento, nuestras cámaras solo cubren el interior. No hay nada que muestre el exterior».
La desesperación se apoderó de Rachel. Buscó frenéticamente en su bolsillo.
Era crucial ponerse en contacto con la policía sin demora; la seguridad de Jeffrey estaba en juego. Le temblaban los dedos y tuvo que intentarlo varias veces antes de poder agarrar el teléfono.
Una vez que consiguió desbloquearlo, apareció un nuevo mensaje en la pantalla. «Eres la mejor hermana del mundo. ¡Te quiero mucho!».
Normalmente, esas palabras le habrían alegrado el corazón.
Ahora, sin embargo, le sonaban frías y siniestras, como un triste adiós.
Por un instante, Rachel sintió que el mundo se había detenido. El miedo por la seguridad de Jeffrey le oprimía el pecho. Rezó con todo su corazón para que estuviera a salvo.
Respiró profundamente, apretando los puños, tratando desesperadamente de mantener la compostura.
—Llamaré a la policía. Samira, Trey, tomad rutas diferentes y revisad cada rincón de las calles.
—Entendido.
Sin perder un segundo más, se dispersaron en diferentes direcciones.
Mientras se apresuraba, Rachel intentó llamar a Jeffrey repetidamente.
Por más que marcara, su teléfono seguía apagado. En el fondo, sabía que no contestaría después de enviarle ese mensaje.
Aun así, no podía dejar de tener esperanza.
Al mismo tiempo, las llamadas de Brian seguían llegando. Cada vez, ella las ignoraba. Echó un vistazo a la creciente lista de llamadas perdidas y se burló. La idea de enfrentarse a Brian le hacía hervir la sangre.
¿Alguna vez se había parado a pensar en el daño que había causado al humillar así a Jeffrey?
Qué arrogante había sido al ponerse ciegamente del lado de Doris. Y ahora, ¿tenía el descaro de mostrarse preocupado?
Si Jeffrey había sufrido algún daño, ella nunca, jamás, perdonaría a Brian.
El aire nocturno era cortante y despiadado, y la atravesaba como si fuera hielo.
Rachel estaba helada, pero ni siquiera lo notaba.
En cuanto llegó a la comisaría, abrió la puerta del coche y entró corriendo.
Sin aliento, contó rápidamente todo lo que había pasado y suplicó desesperadamente: «Por favor, tienen que hacer algo. ¡Mi hermano está en peligro!».
—Señorita Marsh, entiendo que esté preocupada, pero no podemos presentar una denuncia oficial hasta que hayan pasado 24 horas. Puede que su hermano solo haya salido unas horas y que se le haya quedado el móvil sin batería. Por favor, tenga paciencia; puede que vuelva pronto por su propio pie.
Rachel se sentía como un cable pelado, con todos los nervios a flor de piel.
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