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Capítulo 269:
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Aferrándose a innumerables cosas que ansiaba expresar, la siguió. Acostumbrado a ejercer autoridad, deseaba imponerse por última vez.
Sus pasos vacilaron mientras avanzaba. Luchó por respirar, temiendo no llegar a tiempo. Pero su avance se detuvo abruptamente cuando vislumbró la figura que esperaba fuera. Allí estaba un hombre alto y distinguido.
Si sus sospechas eran correctas, Brian sabía que se trataba del mismo hombre que había acompañado a Rachel a la suite el día anterior. ¿Había venido a recogerla? ¿De verdad tenía intención de seguir adelante? Qué irónico que él aún albergara la esperanza de reconquistar su afecto. Qué ridículo y patético.
En ese momento, Brian solo podía reírse, burlándose con dureza de sus propias ilusiones.
Sin embargo, la furia que se acumulaba en su pecho estalló de forma incontrolable.
Se abalanzó sobre él y lo agarró, conectando un puñetazo en plena cara del desconocido. Su fuerza era notable, como si quisiera causarle un daño grave. Incluso después de asestar el golpe, seguía insatisfecho. Lanzó un segundo golpe. Puesto que este hombre se había atrevido a robarle lo que era suyo, debía estar preparado para afrontar las consecuencias.
Brian nunca había sido conocido por su clemencia, y ahora lo habían traicionado. Para él, esto representaba una desgracia insoportable. Necesitaba recuperar su dignidad.
Sin embargo, Andrés esquivó hábilmente el segundo intento de Brian.
La rabia de Brian se intensificó y, sin pensarlo, lanzó una lluvia de puñetazos. Los golpes eran rápidos y brutales, lo que hizo que Rachel, que conocía las capacidades de Brian, se preocupara.
Gritó angustiada: «¡Ten cuidado!». La advertencia iba claramente dirigida a Andrés.
Al ver la preocupación de Rachel por otro hombre, la ira de Brian se intensificó y su corazón comenzó a latir con fuerza. Esa distracción momentánea fue la oportunidad perfecta para Andrés.
El puño de Brian quedó firmemente atrapado en la mano de Andrés.
En este vasto mundo, dos hombres igualmente excepcionales se enfrentaban en silencio. Sus miradas se cruzaron en una feroz oposición, generando chispas casi visibles entre ellos.
Ninguno cedió. Sus ojos se clavaron en los del otro, irradiando un dominio inquebrantable, sin estar dispuestos a ceder ni un centímetro. La fuerza de su presencia era imposible de ignorar, crepitando como electricidad en el aire.
Entonces, tras un instante de silencio, Andrés esbozó una sonrisa. —Tengo que admitir que me ha pillado desprevenido con ese primer puñetazo, señor White. Pero en una pelea justa, no caería tan fácilmente.
—¿Señor White? Esa forma tan simple de dirigirse a él hizo que Brian entrecerrara los ojos al instante, mientras una alarma interna sonaba en su mente. Tenía la poderosa intuición de que Andrés sabía mucho más de él que simplemente reconocerlo.
Se sentía como si lo hubieran visto a través de él, pero el hombre que tenía delante seguía siendo un enigma.
Ni siquiera un atisbo de reconocimiento surgió cuando Brian registró su memoria en busca de algún rastro de ese rostro.
Su capacidad para recordar solía funcionar a la perfección. Podía evocar la imagen de cualquier persona con la que se hubiera encontrado anteriormente. Pero con este hombre, su catálogo mental no le ofrecía nada. Eso solo podía significar que sus caminos nunca se habían cruzado antes. Darse cuenta de ello intensificó la incomodidad de Brian, que se convirtió en una sensación de pérdida del control que había mantenido con tanto cuidado.
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