✨ Martes y viernes nuevos capítulos y estrenos
💬 Únete a la comunidad en WhatsApp & Telegram!
Si te está gustando la lectura, me ayudarías mucho compartiendo la web 🌟
Capítulo 262:
🍙 🍙 🍙 🍙 🍙
Por eso seguía frotando, como si pudiera borrar lo que imaginaba que había pasado.
Una risa hueca se escapó de sus labios mientras agarraba débilmente su muñeca.
—Para. Brian, no confías en mí, ¿verdad? En tu mente, ya estoy mancillada. ¿Qué sentido tiene frotar ahora? Ni cien veces, ni mil, eso no cambiará lo que piensas. Deja de engañarte a ti mismo.
Pero, por una vez, Brian no estuvo de acuerdo.
—No. No es eso. No creo que estés mancillada. Solo quiero que no huelas a otro hombre.
—¿Ah, no? —Rachel esbozó una pequeña sonrisa amarga.
Sin decir nada más, extendió los brazos, los rodeó por su cuello y presionó suavemente los labios contra los de él.
Ese único momento destrozó la contención de Brian, que pasó instantáneamente de la indecisión al control total.
El calor del cuarto de baño pareció intensificarse. El agua humeante caía sobre ellos, aumentando la tensión.
Las manos de Rachel se aferraron al borde de la bañera, clavando los dedos.
El miedo se apoderó de ella, haciendo que su cuerpo temblara incontrolablemente.
Al notar su escalofrío, Brian se detuvo de inmediato, completamente inmóvil.
Aflojó el agarre y se apartó lentamente.
Al ver su renuencia, decidió no insistir más. Al final, fue el miedo lo que lo detuvo, el miedo a que ella llorara, a que sus ojos se llenaran de lágrimas.
Pero, más que nada, temía la posibilidad de que ella realmente lo despreciara, tal y como le había dicho antes.
Había intentado negarlo, pero en el fondo, la idea de que ella se alejara, de ver puro odio en sus ojos, lo aterrorizaba.
Así que, al final, cedió.
Se levantó y se envolvió rápidamente una toalla alrededor de la cintura.
Dejó otra toalla junto a la bañera y dijo con calma: «Levántate y vístete. No te molestaré».
Rachel lo miró atónita.
Durante casi un minuto, se limitó a mirarlo en silencio.
Sin embargo, en ese breve instante, sintió como si su corazón se hubiera detenido. Un escalofrío la recorrió, como si la hubieran arrojado a una cámara frigorífica. Tembló y una risa amarga se escapó de sus labios.
¿Cuánto esfuerzo le costó no reírse a carcajadas?
Él le había dicho que no la despreciaba. Por un breve instante, se había permitido soñar, creer, pero la realidad lo había destrozado al instante.
Sus acciones lo decían todo. El hecho de que se hubiera detenido era prueba suficiente.
Habían compartido intimidad innumerables veces antes, él siempre había sido intenso, implacable, tomando lo que quería sin dudarlo.
¿Cuándo se había contenido así en el último momento?
Solo podía haber una explicación: la menospreciaba, la veía mancillada. Por eso se detuvo, por eso se negó a volver a tocarla.
.
.
.