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Capítulo 259:
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Aun así, se vio incapaz de soltarla. «Vamos, vámonos a casa».
En el coche, la envolvió en sus brazos, abrazándola con fuerza como si temiera que desapareciera.
Durante todo el trayecto, Rachel siguió resistiéndose.
A pesar de sus esfuerzos, Brian logró contrarrestar cada uno de ellos.
Al final, agotada física y mentalmente, se resignó a su abrazo.
Las lágrimas caían en cascada por sus mejillas, cada gota como una puñalada en el corazón de Brian.
Sin embargo, él siguió abrazándola. Estaba inusualmente tranquilo, y le secó las lágrimas con ternura antes de acariciarle la cara y darle un beso suave.
Rachel se apartó. «¿No te da asco?».
Brian se tensó, con las venas de la frente visibles mientras luchaba contra sus emociones.
Pronto la soltó y su voz se suavizó. «Olvidemos lo que ha pasado hoy y sigamos adelante».
«¿Confías en mí?», preguntó ella.
Su expresión se endureció y su silencio lo dijo todo.
—Nunca has confiado en mí, ¿verdad? Decir que debemos «olvidar lo de hoy» es solo tu forma de evitar la verdad. ¿Puedes decir sinceramente que no te molesta? Pensando en lo cerca que estuve de él, ¿de verdad estás tranquilo?
Las palabras de Rachel desataron una ola de ira en Brian. No pudo contenerse más.
Con un movimiento repentino, le rasgó la ropa, con gestos bruscos y desprovistos de toda delicadeza.
Su mirada era la de un depredador a punto de atacar, de consumirla por completo.
Su voz era un gruñido profundo y enfurecido. «Sí, me molesta. Me vuelve loco. Rachel, tú me perteneces. No dejaré que nadie más te tenga. Y él pagará por esto».
Le arrancó agresivamente el tirante del sujetador, rompiéndolo.
En cuestión de segundos, su piel quedó al descubierto.
Brian había estado luchando por mantener la compostura, por permanecer racional y tranquilo.
Sin embargo, la visión de las marcas rojas en su cuello y clavícula lo empujó al límite. Sus emociones reprimidas se desataron como una bestia liberada de sus ataduras.
Besó las marcas con fervor, chupando con fuerza.
La presión en el lado del cuello, cerca de una arteria, era intensa, y Rachel sintió que le daba vueltas la cabeza y le costaba respirar.
Pasaron varios minutos, y su piel se entumeció por el contacto prolongado, antes de que Brian la soltara.
Entonces, sus labios trazaron un nuevo camino por su piel.
Continuó hasta que las marcas iniciales quedaron ocultas por otras más nuevas y oscuras, y solo entonces se detuvo.
Sin embargo, sus labios persistieron, presionando suavemente y permaneciendo en su piel. Sus labios se movían lentamente, tomándose su tiempo, como si estuviera admirando su propia obra, trazando cuidadosamente la forma de los chupetones.
Finalmente, incluso preguntó: «Rachel, ¿estas marcas se parecen a un corazón? ¿Una marca en forma de corazón?».
Rachel, luchando contra la incomodidad, cerró los ojos y murmuró: «Brian, esto es una locura».
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