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Capítulo 258:
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Luego la levantó sin esfuerzo y se dirigió hacia la puerta.
Rachel se despertó de repente y abrió los ojos de golpe.
Al ver a Brian, se sintió confundida.
Cuando ella comenzó a hablar, Brian la interrumpió: «Shh, no hace falta que expliques nada. Ya he visto suficiente».
«¿Qué has visto?», preguntó ella.
Su expresión era resuelta, con la mandíbula apretada, pero no dijo nada.
«Si te digo que ese hombre era honorable y que no ocurrió nada indebido, ¿me creerías?», preguntó Rachel, con voz teñida de resignación, sabiendo lo que probablemente significaba su silencio.
Sin decir una palabra, Brian siguió llevándola en brazos. Su expresión fría dejaba claro que no creía en sus palabras.
Rachel se había preparado para esta reacción. Sin embargo, la realidad de su incredulidad le dolió profundamente. ¡Había vuelto a dudar de ella! Históricamente, siempre se había puesto del lado de los demás en lugar de ella. Le había brindado confianza y tolerancia incondicionales a Tracy, pero había destrozado su confianza una y otra vez.
—Si no me crees, ¡suéltame!
Con voz tranquila pero firme, Rachel dijo: —Y… deberíamos cancelar la boda.
Sin embargo, la respuesta de Brian fue furiosa. La agarró con más fuerza y le dijo con voz firme: «¡Ni hablar! La boda se celebrará pase lo que pase».
Las lágrimas corrían por el rostro de Rachel mientras le golpeaba el pecho. «¡Eres insoportable! ¡Suéltame! ¿Cómo puedes ser tan cruel? Si no confías en mí, ¿por qué insistes en casarte conmigo? Ve con Tracy si ella significa tanto para ti. Por favor, déjame ir, no me rompas el corazón otra vez».
Las lágrimas fluían sin cesar. Ya no podía soportar más la tensión emocional.
Agotada física y emocionalmente, sabía que no podía quedarse con él sin romperse por completo.
Si su corazón no era suyo, estaba decidida a marcharse.
Sin embargo, él no la soltaba.
Sus desesperados intentos por liberarse no lograron aflojar el agarre de Brian. Él permaneció impasible, indiferente a sus forcejeos. Llevada al límite, Rachel recurrió a morderle el brazo.
Al principio dudó.
Brian sonrió con aire burlón. —Rachel, sé que no eres capaz de hacerme daño.
Esa observación disipó cualquier rastro de remordimiento que le quedaba. Mordió con renovada fuerza, hincando los dientes profundamente y haciendo que la sangre manchara sus labios de rojo.
—¿Me sueltas ya? —exigió una vez más.
Él se limitó a mirarla fijamente, con voz firme. —Si eso calma tu ira, sigue mordiendo.
A continuación, se subió la otra manga y le ofreció el brazo.
Ella lo apartó. —¡No quiero morderte! Quiero cancelar la boda.
La respuesta de Brian fue rotunda: —Eso no va a pasar.
—¿Por qué no? Yo he cedido. Brian, te lo suplico, déjame marchar.
Rachel le agarró de la manga y lo miró con los ojos llenos de lágrimas.
Ver su rostro angustiado podía quebrantar la determinación de cualquier hombre, incluida la de Brian.
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