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Capítulo 246:
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Ronald notó la brevedad de su respuesta.
Estaba a punto de preguntar más, pero Rachel lo interrumpió: «Ahora mismo estoy ocupada. Tengo que colgar». La llamada terminó abruptamente.
Justo después de colgar, Ronald se encontró con una mirada inquisitiva. «¿Qué ha respondido?».
—Ha tomado nota de la información —respondió Ronald, sintiendo cómo aumentaba la tensión.
La expresión de Brian se tensó y frunció el ceño. —¿Eso es todo? ¿No ha confirmado que vendrá a buscarme?
Atrapado en una situación incómoda, Ronald dudó. El tono de Rachel dejaba dudas sobre su intención de aparecer.
Bajo la mirada penetrante de Brian, Ronald se guardó sus pensamientos, temiendo provocar más tensión.
La impaciencia de Brian era evidente mientras tamborileaba con los dedos sobre la mesa.
Hizo una pausa y luego le ordenó a Ronald: —Intenta llamarla de nuevo para asegurarte de que se acuerda.
—Entendido.
Sin embargo, Rachel no respondió a las llamadas posteriores de Ronald. A pesar de varios intentos, ninguna llamada fue respondida.
Ronald finalmente sugirió: —Señor, tal vez ella le responda a usted en lugar de a mí, incluso si llamara diez veces más.
Brian lo despidió con un gesto. «Ya basta, puedes irte».
Una vez fuera, Ronald exhaló profundamente y miró con preocupación hacia la puerta cerrada.
La terquedad de Brian era legendaria. Tanto él como Rachel se mantenían firmes en sus posiciones, sin estar dispuestos a ceder ni a dar el primer paso. Su mutuo anhelo seguía sin reconocerse.
Sin embargo, en cuestiones del corazón, el compromiso era fundamental; sin él, las cosas podrían no resolverse nunca…
Ronald se abstuvo de contemplar las posibilidades.
Al día siguiente, cuando el avión aterrizó, Brian desactivó el modo avión. Inmediatamente comprobó si tenía mensajes nuevos. La decepción se apoderó de él: el mensaje que esperaba no estaba allí. Su rostro se endureció.
Al bajar del avión, le preguntó a Ronald: «¿Le dijiste que volvía hoy?».
Ronald asintió. «Sí, se lo dije claramente».
«¿Y la hora? ¿Podría haber habido un error?».
«Sí y no. Se lo comuniqué a las once de la mañana, quince minutos antes de nuestro aterrizaje».
Brian se quedó sin palabras. Todos los detalles se habían transmitido correctamente. Sin embargo, no había ningún mensaje de Rachel.
Con una sensación de vacío, Brian atravesó la terminal, con una expresión fría que impedía que nadie se atreviera a acercarse.
Ronald lo seguía, cargando con el equipaje.
La terminal bullía con una multitud animada, adornada con un campo de atuendos vibrantes.
Los ojos de Brian recorrieron la multitud, buscando a Rachel sin éxito. Su frustración aumentaba y estaba a punto de salir cuando una llamada vibrante lo detuvo.
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