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Capítulo 245:
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«¿Sobre qué?», preguntó Rachel, visiblemente sorprendida.
«Te acusan de causar caos y de agredir a un compañero. Quieren que te despidan», explicó Samira con una calma inquietante. Antes, una noticia así habría desconcertado a Rachel, pero ahora se mantuvo impasible.
«¿Y tienen intención de informar de esto a…?»
—Al Sr. Brian White, sin duda. Estoy deseando ver su reacción. Si descubre el acoso, seguro que te defenderá. Lo que se siembra, se cosecha —dijo Samira, levantando la mirada con seguridad.
Rachel se limitó a asentir con la cabeza.
Al llegar a casa, sonó su teléfono y era Brian.
—¿Qué has hecho hoy?
—Solo he estado ocupándome de algunos asuntos del trabajo —respondió Rachel, con tono indiferente. Hizo una pausa, decidiendo no contarle lo que había pasado ese día. Mientras Brian escuchaba, apretó el teléfono con más fuerza, y las venas de su mano se marcaron con fuerza.
Antes, ella le habría enviado fotos con entusiasmo, pidiéndole su opinión sobre nuevos conjuntos o posando juguetonamente para él.
Ahora, el silencio se cernía entre ellos, cargado de cosas no dichas: ni el incidente con Tracy ni los acontecimientos del día habían sido mencionados. Brian sintió una opresión en el pecho, como si le estuvieran apretando lentamente una soga.
—Voy a acortar mi viaje de negocios. Debería estar de vuelta en unos días —rompió Brian finalmente el silencio, desviando la conversación.
«Vale», respondió Rachel, con una voz que denotaba una ligereza que rayaba en la indiferencia, desprovista de la calidez que antes tenía.
Brian sintió una opresión en el pecho. Su tono era indiferente, similar al de alguien que escucha una mundana información meteorológica, sin rastro alguno de emoción.
Antes, la noticia de su regreso la habría encantado; ahora, la alegría brillaba por su ausencia.
Frunció el ceño, señal de su creciente tensión. —¿No te alegra que vuelva? —preguntó, con voz que delataba su descontento.
—Estoy muy contenta —respondió Rachel, pero su voz traicionó a Brian su falta de convicción.
Antes, su felicidad habría sido evidente solo con su voz, sin necesidad de declaraciones.
Brian añadió: —¿Puedes recogerme en el aeropuerto cuando llegue?
«Claro».
Después de la llamada, Brian sintió un profundo vacío, como si su corazón, pesado como una piedra, se estuviera hundiendo.
Pasaron cinco días y Rachel no se había comunicado con Brian. Él resistió el impulso de llamarla, levantando el teléfono solo para volver a dejarlo una y otra vez. Así, no hubo contacto entre ellos.
Ronald llamó a Rachel. «Sra. Marsh, el vuelo del Sr. White aterriza mañana al mediodía». Su enfoque fue minucioso; no solo le notificó, sino que también le envió todos los detalles necesarios sobre el regreso de Brian.
«De acuerdo, entendido».
Cuando Ronald captó la mirada de Brian, le preguntó rápidamente: «¿Irás a recogerlo?».
«Quizás».
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