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Capítulo 240:
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Al notar la respuesta apagada de Rachel, la ansiedad de Samira aumentó. «¿No te molesta esto, Rachel? Están diciendo que Tracy es la novia del Sr. White, incluso dicen que se van a casar pronto. Solo de pensarlo me enfurece».
Rachel terminó de curar las últimas heridas faciales de Samira antes de responder: «Estoy molesta».
«Entonces, ¿cómo puedes mantener la compostura?», expresó Samira, confundida.
—¿Te intriga mi calma?
—Sí —asintió Samira.
Rachel tiró el bastoncillo de algodón usado a la basura y su mirada se endureció con determinación—. Porque… estoy a punto de corregir algunos errores.
—¿Eh? —Samira tardó en comprender el significado completo.
Rachel se levantó, cogió una goma para el pelo de la mesa y se la entregó—. Recógete el pelo, arréglate la ropa y ve delante.
Ahora Samira lo entendió todo.
Asintió con firmeza, sintiendo una oleada de energía recorriendo su cuerpo.
Minutos más tarde, estaban subiendo en el ascensor.
Al llegar a su planta, el grupo de empleadas continuó con sus burlas sin cesar.
—¿Qué es esto? ¿La lacaya ha llamado a su protector?
Antes de que el eco de la burla se desvaneciera, una fuerte bofetada resonó en la sala.
El silencio se hizo instantáneo.
Rachel se limitó a masajearse la muñeca, con el rostro impasible y distante.
Su voz, aunque suave, tenía un tono de autoridad inconfundible. «No se puede hacer daño a mi asistente. Considero a Samira como una hermana. Es mi deber defenderla».
Sus palabras mesuradas, aunque tranquilas, hicieron que todos los presentes contuvieran el aliento.
Con una sola bofetada, Rachel había afirmado su dominio.
Todos los presentes dieron un paso atrás, sin atreverse a desafiarla. El silencio se prolongó, sugiriendo que el conflicto había remitido.
Sin embargo, la mujer que había recibido la bofetada bajó rápidamente la mano de la mejilla y lanzó una fría advertencia: «Rachel Marsh, este es tu fin. Discúlpate ahora o te arrepentirás».
Rachel respondió con una risa desdeñosa. «A ver qué sabes hacer». Estaba dispuesta a enfrentarse a lo que fuera.
El miedo no formaba parte de su vocabulario.
En ese momento, Samira agarró la mano de Rachel, con voz teñida de preocupación. «Rachel, deberíamos irnos. Parece furiosa y me preocupa que pueda hacer algo drástico».
Las palabras de Samira impactaron profundamente a Rachel, que advirtió: «He oído que tiene una hermana menor que sale con un miembro de la junta directiva de nuestra empresa llamado Holden Ellsworth. Ese hombre es conocido por su crueldad y su carácter protector. Con el Sr. White ausente, me temo que Holden Ellsworth podría crearte problemas».
Consciente de su desventaja numérica, Rachel estuvo de acuerdo en que debían marcharse rápidamente.
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