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Capítulo 224:
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«Ronald se encargará de eso. Hoy solo me importas tú», respondió Brian con una sonrisa.
Más tarde esa noche, Rachel estaba en un hotel de gran altura, contemplando la vibrante ciudad que se extendía a sus pies. La vista nocturna era impresionante.
Mientras tanto, Brian estaba en el baño duchándose, sin darse cuenta de que su teléfono seguía sonando en la cama. El tono de llamada resonaba, lo que indicaba que ya había sonado varias veces.
Rachel se acercó al teléfono y vio el identificador de llamadas en la pantalla. Era Tracy.
Desde fuera del baño, la voz de Rachel rompió el silencio. —Tracy acaba de llamar para ti. ¿Puedes contestar?
La respuesta despreocupada de Brian la tomó por sorpresa. No había previsto que él confiara tanto en ella para atender la llamada.
—¿Por qué no la contestas tú?
—No te preocupes. Da igual quién la coja.
Su indiferencia podría haberla tranquilizado, o tal vez prevaleció su curiosidad por la llamada de Tracy a esas horas.
—Brian… —respondió Tracy, con un tono urgente, como si no pudiera esperar ni un segundo más. —Soy Rachel.
Hubo una breve pausa al otro lado de la línea antes de que Tracy apretara con fuerza el teléfono. —¿No se supone que Brian está en el extranjero? ¿Cómo es que están juntos?
—Señorita Haynes, dado que somos pareja, ¿no es normal que estemos juntos?
—¿También lo está visitando?
Al parecer, Tracy también estaba en el extranjero.
—Pásale el teléfono a Brian. Tenemos que hablar de algo muy importante —exigió Tracy con autoridad.
—Ahora mismo está en la ducha, pero le diré que te llame —respondió Rachel. Pero ¿por qué iba a molestarse?
Una ola de furia invadió a Tracy. ¿Desde cuándo tenía que comunicarse con Brian a través de Rachel, dependiendo de la buena voluntad de esta?
Frustrada, Tracy colgó con un clic seco.
Brian salió de la ducha poco después.
Rachel no vio sentido en ocultar la conversación y no tenía intención de hacerlo.
—Tracy ha dicho que necesita hablar contigo sobre algo importante. —Observó a Brian atentamente, esperando alguna reacción.
Sin embargo, su actitud era de calma imperturbable y su respuesta fue suave: «Probablemente se trate de algo relacionado con la empresa. Le diré a Ronald que se ponga en contacto con ella».
En presencia de Rachel, llamó a Ronald y le informó brevemente.
—¿No vas a devolverle la llamada?
—No, prefiero pasar el tiempo contigo —respondió con decisión.
Esa noche, cuando se acomodaron, Rachel sacó un tema delicado. —¿Deberíamos invitar a Tracy a nuestra boda?
—La decisión es tuya. Si te apetece invitarla, lo haremos; si no, no.
—Prefiero que no venga.
No quería darle a Tracy la oportunidad de montar una escena en su boda. Su único deseo era que el día de su boda fuera perfecto.
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