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Capítulo 223:
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Sus mejillas se sonrojaron profundamente, tomada por sorpresa y sin saber qué decir. Sin embargo, él no esperó su respuesta; demostró sus intenciones con sus acciones.
Su siguiente beso fue más profundo que el anterior, dejándola sin aliento. Sus manos lo agarraron instintivamente con más fuerza.
Inspirada por el afecto que había observado a su alrededor, Rachel decidió entregarse por completo. Se puso de puntillas y rodeó con fuerza el cuello de Brian con los brazos, acercándose más a él.
«¡Sé buena, reacciona! ¡Respira libremente!». Su voz era seductora, llena de encanto.
Rachel cerró los ojos y se sumergió en el momento que compartían. En ese instante, decidió ignorar el bullicio del mundo y la variopinta multitud que pasaba a su alrededor. Su atención se centró únicamente en él y en sus sentimientos. Se permitió disfrutar plenamente del momento, dejarse llevar por completo.
En la calle, las parejas caminaban de la mano, muy unidas.
De repente, su atención se desvió hacia un anciano que dibujaba cerca. Esto despertó su interés y se volvió hacia Brian. —¿Nos hacemos un boceto también?
—¿Te gusta la idea?
Brian le apartó con ternura un mechón de pelo detrás de la oreja.
—Sí, me gusta mucho.
Lo que más le importaba eran esos momentos fugaces que compartían juntos.
—De acuerdo.
Brian la miró con ojos llenos de afecto.
Mientras posaban para el retrato, el artista les pidió que se quedaran quietos. Así que tuvieron que elegir una pose en la que se sintieran cómodos.
Rachel se detuvo y sugirió: «¿Qué tal si me doy la vuelta y tú te pones un poco más lejos y me miras?».
«¿Por qué prefieres esa pose?», preguntó Brian, desconcertado.
Antes siempre había optado por poses en las que se cogían de la mano, se abrazaban o estaban cerca de alguna otra forma.
«Porque ya he visto mucho tu espalda, Brian. Cambiemos esta vez. Ahora tú puedes mirar la mía, ¿vale?».
Sin esperar a que él respondiera, Rachel le indicó al anciano artista que los capturara de esa manera.
El artista trabajó con eficiencia, demostrando su gran habilidad, y terminó el dibujo rápidamente.
Aunque era sencillo, el boceto era una representación fiel de ellos. A Rachel le gustó tanto que no solo se quedó con el original, sino que también le hizo una foto para guardarla en su teléfono.
Cuando estaban terminando, el teléfono de Brian empezó a sonar. Él lo miró, pero decidió no contestar.
—¿Por qué no contestas? —preguntó Rachel, curiosa.
Él le tomó la mano y le pellizcó la mejilla con cariño. —Hace tanto que no te veo. Ahora mismo, nada es más importante que este momento contigo.
Sin embargo, tan pronto como terminó la frase, el teléfono volvió a sonar.
—Si es algo importante o urgente, deberías contestar. No me importa esperar —sugirió Rachel.
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