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Capítulo 213:
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Rachel negó con la cabeza, su mirada se suavizó con tranquilidad. «Estoy bien. De verdad».
Pero la culpa de Jeffrey era palpable. Le agarró las manos y, con la voz entrecortada, continuó: «Lo siento mucho. Todo es culpa mía. Nunca quise meterte en esto… Nunca quise que te hicieran daño. No me importa su disculpa. Vámonos. No puedo soportar verte sufrir por mi culpa».
Rachel podía sentir el peso de las palabras de Jeffrey, y su corazón se encogió ante su sincero remordimiento.
Con una sonrisa amable, Rachel acarició la cabeza de Jeffrey, con los ojos brillantes con la misma fuerza que siempre la había caracterizado. «No pasa nada. De verdad. No estoy herida. Y te estás olvidando de algo, ¿verdad?».
Jeffrey la miró, con expresión confusa.
«Cuando te protegía del látigo de Moira», continuó ella, con voz firme pero teñida por los fantasmas del dolor pasado, «¿recuerdas cómo le echaba sal? Ardía como el fuego, pero yo estaba bien. Tú no eres el que me metió en esto. Tú siempre has sido mi prioridad, mi responsabilidad. Así que, por favor, deja de culparte». Sus palabras tenían un peso tranquilizador, pero en el fondo, Rachel sentía el dolor familiar de aquellos recuerdos crueles.
—Pero… —Jeffrey dudó, reacio a renunciar a la culpa que se le leía claramente en el rostro.
La expresión de Rachel se volvió sombría cuando se volvió hacia él, con voz firme pero tierna. —Jeffrey, escúchame con atención. Sé lo mucho que me quieres y siento profundamente ese amor. Pero no todo el mundo es tan cruel como ese hombre. La gente siempre hablará con dureza y tratará de menospreciarnos, pero recuerda que ellos no nos definen. Lo que importa es que no dejemos que sus palabras o acciones eclipsen lo bueno que hay a nuestro alrededor. Hay almas bondadosas y generosas, como la joven que nos ha ayudado hoy sin dudarlo, aunque no nos debía nada».
Su mirada se suavizó, su sonrisa era amable pero firme. «Prométeme que mantendrás tu corazón abierto. Mantén una actitud positiva, mantén la esperanza, sin importar lo que digan los demás».
Jeffrey la miró a los ojos, con la incertidumbre aún reflejada en su rostro. «Pero ¿qué pasa con los malos? ¿Qué hacemos con ellos?».
La sonrisa de Rachel se amplió, irradiando calidez. «Esa es una pregunta inteligente. Cuando nos enfrentamos a quienes nos hacen daño, no tenemos que rebajarnos a su nivel. Tenemos el poder de buscar justicia y protegernos con la ley. Eso nos da fuerza, saber que tenemos los medios para defender lo que es correcto».
Cuando la conversación pareció llegar a su fin, Rachel sacó su teléfono y marcó el número de Eric.
—Ya voy —se oyó la voz de Eric al otro lado de la línea, tranquila y eficiente. Poco después, tanto él como Natalia llegaron al lugar.
Rachel miró a Natalia al salir del coche, sorprendida de verla. Natalia captó su mirada y le dedicó una sonrisa tímida. —Insistí en venir —dijo con tono ligero pero sincero.
Dado que compartían círculos sociales, no era de extrañar que Natalia y Eric se conocieran.
Al ver los profundos arañazos en la cara de Rachel, los ojos de Eric se oscurecieron con preocupación. Sin dudarlo, le dio instrucciones a su asistente: «Ve a buscar pomada para esos arañazos».
«Gracias, señor Riley», murmuró Rachel, con voz teñida de gratitud.
«¿Qué ha pasado?», preguntó Eric, con tono firme pero preocupado.
«Busquemos un lugar tranquilo donde puedas explicarme todo».
—De acuerdo —asintió Rachel, agradecida por su comprensión.
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