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Capítulo 208:
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Tracy quedó impactada por estas palabras. Perdió la compostura y se puso pálida.
Rachel la ignoró y se marchó.
Rachel fue a ver a Jeffrey.
Jeffrey había comenzado recientemente un tratamiento en un centro recomendado por Eric.
Al principio, Rachel estaba preocupada de que Jeffrey recibiera una atención deficiente. Pero después de visitar el centro, conocer los motivos de los fundadores y ver las actividades de los niños, sus preocupaciones desaparecieron.
Los fundadores eran una pareja con un hijo autista. Eran personas compasivas que crearon el centro por empatía.
Durante su visita, Rachel llevó varios artículos (aperitivos, fruta, juguetes y artículos de primera necesidad) y los repartió entre los niños. También hizo una contribución personal al centro.
«Muchas gracias por todo», le dijo a la fundadora. «Entiendo que necesitan fondos importantes para continuar con su investigación. Aquí tiene mi donación, espero que les ayude a apoyar a más niños en el futuro».
La fundadora le estrechó la mano con gratitud y le habló de los últimos progresos y cambios de Jeffrey.
Mientras hablaban, Rachel dijo: «En realidad he venido a llevarme a Jeffrey a casa un rato».
El fundador se mostró preocupado. «Señora Marsh, ¿no le hemos proporcionado los cuidados adecuados a Jeffrey?».
«No, no es eso en absoluto. Han sido maravillosos y Jeffrey está progresando mucho. Es solo que…».
El fundador intuyó que Rachel no quería continuar y se limitó a asentir. «Lo entiendo, pero recuerde que, mientras estemos aquí, este siempre será el hogar de Jeffrey».
Cuando Rachel y Jeffrey se marchaban, el tiempo era brumoso y lloviznaba ligeramente.
Rachel empujaba una maleta y cogía a Jeffrey de la mano mientras caminaban. Al acercarse a la puerta, una voz clara pero vacilante llamó: «Jeffrey…». Ambos se volvieron.
Una niña con un vestido blanco y dos coletas estaba de pie en los escalones, con una sonrisa que le iluminaba el rostro.
Jeffrey soltó la mano de Rachel y corrió hacia ella.
«Selah, ¿por qué estás aquí?».
A la niña se le llenaron los ojos de lágrimas al encontrar la mirada de Jeffrey, y su voz tembló. «He oído que te vas. ¿Es verdad?».
Jeffrey, con cierta renuencia, respondió: «Sí, mi hermana ha venido a llevarme a casa».
«¿Eso significa que no volverás?». La tristeza de la niña era evidente mientras luchaba por contener las lágrimas. Jeffrey se detuvo, indeciso. —Yo… yo…
Rachel se acercó con una sonrisa tranquilizadora. —Soy la hermana de Jeffrey. Solo se va por un tiempo. Volverá. Y si os echa de menos, me aseguraré de traerlo a visitaros.
La expresión de la niña se iluminó ligeramente. —¿De verdad? Jeffrey, ¿podemos creer lo que dice?
Jeffrey dio un paso adelante, le entregó un pañuelo y le aseguró con confianza: «Mi hermana siempre cumple sus promesas. Si dice que lo hará, seguro que me traerá a visitaros».
«Vale». La niña se secó las lágrimas y volvió a sonreír, mostrando unos hoyuelos que le daban un aire encantador. «Esperaré a que vuelvas».
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