✨ Martes y viernes nuevos capítulos y estrenos
💬 Únete a la comunidad en WhatsApp & Telegram!
Si te está gustando la lectura, me ayudarías mucho compartiendo la web 🌟
Capítulo 190:
🍙 🍙 🍙 🍙 🍙
Para sorpresa de Yvonne, Norton se arrodilló a su lado y la ayudó en silencio a recoger los objetos que se habían caído.
—No hace falta, puedo hacerlo yo —dijo Yvonne con tono tranquilo y sereno.
«No quería que te sintieras avergonzada», respondió Norton con voz baja pero firme, con un deje de preocupación.
Yvonne lo miró, con expresión de confusión. Solo había tirado algo por accidente, ¿por qué iba a avergonzarse? Los errores formaban parte de la vida. Pero entonces, sus ojos se posaron en el objeto que Norton había recogido y la realidad de la situación la golpeó como un trueno.
Su corazón dio un vuelco al ver una caja de condones, allí mismo, en medio de una tienda abarrotada, y una ola de humillación la invadió. Era como si el universo hubiera decidido gastarle una broma cruel, la ley de Murphy en su peor expresión.
Al principio, Yvonne lo había confundido con un paquete de chicles, ya que el envase era casi idéntico. Sin dudarlo, se había agachado para recogerlo. Pero ahora, al ver los condones en su mano, sus mejillas ardían de vergüenza.
En ese momento, sintió como si el suelo se hubiera derretido bajo sus pies. Se quedó allí, paralizada, sin saber qué hacer. El aire a su alrededor se volvió denso por la incomodidad, y se apresuró a buscar una salida a la sofocante incomodidad que la envolvía.
—Señorita, ¿podría darse prisa? —La voz de un hombre alto y atractivo, teñida de impaciencia, rompió el silencio detrás de ellas.
Yvonne se sonrojó de vergüenza, pero no dejó que se notara por mucho tiempo. Sin pensarlo dos veces, le pasó rápidamente los artículos a Norton, con movimientos rápidos y decididos.
—Tú… recógelas tú —murmuró Yvonne, con las mejillas en llamas—. Yo esperaré fuera.
Ajetreada, se alejó rápidamente, con el corazón acelerado mientras escapaba.
Norton observó su figura mientras se alejaba, con una leve sonrisa en los labios.
Unos instantes después, Norton salió del supermercado con una bolsa en la mano y expresión serena. Mientras caminaban, ninguno de los dos habló, y el silencio entre ellos se hizo denso, cargado de tensión tácita.
En el coche, se acomodaron en el asiento trasero, sentados tan cerca que sus hombros casi se tocaban. Aún nerviosa por el incidente anterior, Yvonne se apartó rápidamente hacia un lado, poniendo tanta distancia entre ellos como le fue posible.
—¿Por qué tan lejos? —La voz de Norton, baja y casual, rompió el silencio.
—Hace un poco de calor —respondió Yvonne, evitando su mirada.
Norton miró a Leif, que conducía en el asiento delantero. —¿Sí? ¿De verdad hace tanto calor?
Sentado en el asiento del conductor, Leif respondió con un toque de diversión: —Sr. Burke, aquí se está bastante fresco. Pero yo no sé cómo estará atrás.
Norton asintió pensativo. —Bueno, aquí atrás hace un poco de calor. Leif, ¿podrías bajar un poco la ventanilla?
Antes de que Yvonne pudiera protestar o ajustar su posición, Norton se inclinó rápidamente y la atrajo hacia sí sin dudarlo. Ella contuvo el aliento, pero no dijo nada, sin saber cómo responder a la repentina proximidad.
En ese momento, el coche dio una sacudida cuando Leif pisó el freno. Yvonne, tomada por sorpresa, tropezó y cayó en los brazos de Norton, chocando la nariz contra su pecho.
El impacto repentino la hizo estremecerse. Un dolor agudo le atravesó la nariz, pero su mente no pudo evitar fijarse en la firmeza de su pecho, en los músculos que se adivinaban bajo la tela.
.
.
.