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Capítulo 174:
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Rachel asintió y dijo: «Llamaré a alguien».
Inesperadamente, cuando Rachel llamó a Brian, fue Tracy quien respondió. «Hola, Rachel…».
Desde el principio, había un tono de regodeo en la voz de Tracy.
Rachel respiró hondo y dijo con firmeza: «Necesito hablar con Brian. ¿Podrías pasarle el teléfono?».
«Me temo que no puedo. Ha pasado toda la noche cuidando de mí y acaba de dormirse. No me gustaría molestarlo. Si no es urgente, vuelve a intentarlo más tarde». La provocación de Tracy fue demasiado para Rachel, que rápidamente replicó: «Tracy Haynes, recuerda que todo lo que haces, lo recibes. Espero que nunca te arrepientas de las decisiones que estás tomando. Si te gusta ser la otra mujer, adelante, pero no pienses que puedes ocupar mi lugar. ¡Yo soy con quien se va a casar!».
Esta respuesta tan tajante pilló por sorpresa a Tracy. Por sus breves interacciones, Tracy había calificado a Rachel de tímida y dócil. Por eso se había atrevido a provocarla con esos comentarios. Sin embargo, Rachel no era la persona fácil de manipular que Tracy se había imaginado.
—Rachel, ese comentario ha sido bastante hiriente. Todo el mundo merece perseguir el amor y la felicidad, y aquí estás tú, maldiciéndome.
Rachel se burló. —¿En serio? ¿Y tú persigues el tuyo destrozando mi familia? Tu falta de conciencia es asombrosa. Debo decir que estoy «impresionada».
Tras su tajante respuesta, Rachel colgó rápidamente, sin dar oportunidad a Tracy de responder.
La enfermera, al darse cuenta de la frustración de Rachel, le ofreció una sugerencia. —¿Quizás tu hermana podría ayudarte?
—¿Mi hermana?
—La joven que estuvo aquí ayer. Mencionó que era tu hermana menor.
—Creo que lo manejaré yo sola. Puedo hacerlo.
Rachel se sentía obligada a manejarlo sola, aunque fuera difícil. Después de todo, estaba en el hospital. Seguramente, el personal médico estaría allí si necesitaba ayuda inmediata. —Muy bien, cuídate. —Con eso, la enfermera se marchó.
Rachel cogió la enorme pila de formularios y se dirigió al departamento de hematología. Cuando terminó los análisis de sangre, era casi mediodía. Agotada por la extracción de sangre, encontró un lugar apartado, se dejó caer en una silla contra la pared y se quedó dormida un rato.
El sonido de su teléfono la despertó.
—Yvonne…
—Rachel, pareces agotada. ¿Qué pasa?
—Estoy en el hospital. Acabo de hacerme unas pruebas.
—¿No está Brian contigo? —preguntó Yvonne.
—De hecho, he venido sola.
—Envíame la ubicación. Voy para allá.
—De acuerdo.
Yvonne actuó con rapidez. Llegó al hospital en cuestión de minutos con dos comidas para llevar. Al ver a Rachel tan agotada, Yvonne le expresó su preocupación. —¿Qué te ha pasado para estar así?
«Yo tampoco lo sé, pero esta vez los dolores menstruales han sido más intensos que nunca. Es mejor que me lo revisen. Últimamente no me encuentro bien».
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