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Capítulo 518:
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¡Estaba a punto de chocar de cabeza contra la boca de la bestia!
¡Un disparo resonó en el aire!
Esta vez, el sonido fue más profundo, más atronador, reverberando por todo el bosque. Una bala giratoria de alta velocidad, con una precisión asombrosa, se adentró en las profundidades de la boca abierta de la osa. La trayectoria fue precisa, inteligente, atravesando el paladar superior y penetrando en el tronco cerebral.
Una fina niebla de sangre, mezclada con fragmentos de tejido desgarrado, brotó de la parte posterior del cráneo del oso.
Las mandíbulas de la bestia se congelaron en medio de la embestida. La furia de sus ojos se convirtió en piedra, y su imponente figura se derrumbó como si le hubieran drenado toda la vida. Cayó al suelo en un montón sin vida, para no volver a levantarse jamás.
El cuchillo de Rylie se había hundido profundamente en el cuello del oso justo cuando moría. Ella permaneció inmóvil, con el brazo aún extendido en una estocada, de pie ante la bestia caída, jadeando en busca de aire.
Una silueta esbelta se deslizó silenciosamente desde las gruesas ramas de un árbol imponente situado en diagonal detrás de Rylie y aterrizó en cuclillas a su lado.
Era Brad.
El cañón de la pistola de gran calibre que sostenía aún desprendía una tenue voluta de humo, y su expresión era tan fría y quieta como un lago helado, totalmente impasible ante la vida que acababa de acabar.
No dedicó ni una sola mirada a la osa desplomada. En cambio, su mirada se posó en Rylie: su boca manchada de sangre, el brazo izquierdo colgando en un ángulo extraño y el tobillo hinchado. Algo se le apretó dolorosamente en el pecho. Pero no era momento de atender sus heridas, ya que el oso macho, desquiciado por la muerte repentina de su compañera, se abalanzaba hacia ellos con una furia ciega, ignorando por completo su pata destrozada.
«Prepárate. Viene hacia aquí».
Rylie no necesitó mirar. En el instante en que Brad habló, giró el cuerpo y rodó hacia un lado. El dolor le tiraba de las extremidades, ralentizándola ligeramente, pero su determinación lo superó. Su movimiento creó una línea clara y sin obstáculos para que Brad disparara.
Su expresión permaneció fría. Estabilizó la respiración con un ligero movimiento y, cuando el oso enfurecido entró en su campo de tiro, apretó el gatillo sin dudar.
『 ńovεł𝗮ꜱ4faɴ⸳cⲟ𝔪 - Lee м𝖆́𝚜 』
Dos disparos limpios rasgaron el aire.
Las balas, rápidas e infalibles, impactaron al oso justo entre los ojos, cuya frente expuesta no ofrecía defensa alguna mientras avanzaba furioso.
La enorme criatura se detuvo en seco. Su impulso desapareció en un instante y, con un último estruendo atronador, cayó a pocos metros de distancia, levantando una espesa nube de polvo.
Se hizo el silencio. Solo el sonido de la respiración entrecortada y el olor metálico y penetrante de la sangre permanecían en el aire del bosque.
Brad permaneció en su posición durante un breve instante, con la mirada fija mientras verificaba la muerte del animal. Una vez seguro de que el peligro había pasado, bajó el arma y se acercó. Sin dudar ni hacer preguntas innecesarias, se arrodilló junto a Rylie y le tocó el tobillo herido, visiblemente hinchado.
—¿Puedes moverte? Déjame echar un vistazo. —Su voz era tranquila, pero la forma en que le acariciaba el tobillo revelaba una silenciosa urgencia y un cuidado delicado.
Rylie miró sus rasgos afilados y esos ojos firmes y concentrados mientras él examinaba su herida. La tensión que la había atenazado durante tanto tiempo finalmente comenzó a disminuir.
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