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Capítulo 425:
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«¡Apártate!». La voz de Brad no era alta, pero transmitía una presión innegable, casi tangible, y su mirada era tan afilada como un cuchillo, atravesando el intento de Brock de detenerlo.
Con un movimiento rápido, apartó la mano de Brock y cruzó el borde de la lancha patrullera. A pesar de la distancia entre las embarcaciones, saltó directamente hacia el barco en llamas.
«¡Brad!», le gritó Brock, con la voz quebrada por el pánico.
Brad se detuvo a mitad de camino, solo para tomar aire. Se quedó de pie en el borde del barco. El mar debajo bullía con fuego y petróleo. Delante, las llamas rugían más fuerte que cualquier otra cosa.
El viento empujaba los mechones de pelo húmedos sobre su frente. Su rostro estaba tenso por la tensión. En sus ojos, el miedo brillaba con intensidad, crudo y casi fuera de control.
«Entiendo lo que dices», dijo. «Pero necesito ver con mis propios ojos que ella no está ahí dentro».
Brock captó ese momento de debilidad. Brilló y se desvaneció en un instante. Aun así, lo reconoció. Brad estaba enamorado. Y por eso, no dijo nada más.
«Desplieguen los botes de rescate. Despejen el camino». Brad habló por el comunicador, con voz áspera y entre dientes apretados. No volvió a mirar a nadie. Se dio la vuelta y revisó su equipo, con movimientos rápidos pero firmes. Solo un ligero temblor en su mano delataba lo que sentía por dentro.
El aire a su alrededor se volvió más denso. Brad no se adentró en el fuego. Eso habría sido un suicidio. Se mantuvo firme en el borde, rígido como un sargento, con la mirada aguda mientras daba órdenes a la tripulación que sí entró.
Se quedó justo donde el humo se mezclaba con el aire. El calor lamía sus botas, pero no se inmutó. Su uniforme permaneció impecable. Su rostro no revelaba nada: ni pánico, ni duda. Solo un hombre que miraba planos y daba órdenes como si fuera un día laboral cualquiera.
Solo los más cercanos a él lo sentían: el frío intenso que emanaba de él, haciendo que el aire se sintiera extraño, como si el frío tuviera dientes.
No parpadeaba mucho. Solo se quedaba mirando las llamas. Cada destello hacía que sus pupilas se contrajeran. Los equipos de rescate seguían regresando con las manos vacías. «Pasillo bloqueado». «No hay señales de vida». «Hallados restos». Los mismos informes, una y otra vez. No decía mucho, pero mantenía los puños cerrados tanto tiempo que las uñas le cortaban la piel. La sangre le corría por la manga sin que nadie se diera cuenta.
◆ sɪɢᴜᴇ ʟᴇʏᴇɴᴅᴏ ᴇɴ ɴᴏᴠᴇʟᴀs₄ꜰᴀɴ᛫ᴄᴏᴍ ◆
Pasaron dos días.
Apenas descansó. Ni siquiera un minuto. Se quedó en la cubierta mientras el fuego perdía fuerza. Cuando finalmente se extinguió, colocaron los cadáveres, carbonizados e irreconocibles. Todos tenían que pasar por él.
El único respiro en la tormenta fue esto: todos los cuerpos quemados eran de hombres. La forma retorcida de Ronan apareció en la sala de juegos. Rylie y Marsha seguían desaparecidas. Pero no estaban entre los muertos.
Lo realmente desalentador era que los buzos solo habían conseguido recuperar del mar algo de ropa de mujer y materiales de disfraz parcialmente carbonizados, sin encontrar rastro alguno de Rylie.
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