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Capítulo 1368:
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En la familia Klein, el nombre elegido por un anciano era más que un simple nombre: era un símbolo del aprecio de la familia por el niño. Damari había prometido desde hacía mucho tiempo ponerle nombre a la bebé.
Se había convertido en algo muy importante para él. Había consultado a expertos, se había tomado su tiempo y había preparado varias opciones, considerando cuidadosamente todas las posibilidades.
En cuanto Damari posó los ojos en la niña, tomó una decisión. «Lilyana, un nombre que transmite la gracia de la naturaleza y la armonía de la vida, perfecto para mi bisnieta».
Y así, Lilyana Klein se convirtió en el nombre oficial de la primera hija de Andrew y Madisyn.
Como si fuera una señal, Andrew entró en la habitación con una caja de sopa de pescado recién hecha. Al oír a Damari pronunciar el nombre, se volvió hacia Madisyn con una mirada tierna.
—El abuelo le ha puesto el nombre oficial. Cariño, ¿quieres elegir un apodo para nuestra hija?
Madisyn bajó la mirada hacia el pequeño bulto que tenía en brazos y acarició con delicados dedos la suave mejilla de su hija. Una cálida sonrisa se dibujó en sus labios. «Es tan adorable. ¿Qué tal «Nana» como apodo? Nana, mamá te llamará así a partir de ahora, ¿vale?».
Como si entendiera las palabras de su madre, la bebé gorjeó alegremente y agitó sus diminutos puños en el aire.
Madisyn se rió entre dientes. —Lo tomaré como un sí. —Con una sonrisa afectuosa, apretó suavemente la cara contra la de su hija.
Los bebés duermen mucho, y en poco tiempo, Nana se sumió en un sueño tranquilo. Andrew, ahora totalmente entregado a su papel de padre, se aseguró de que todo estuviera en orden.
Una vez que la niña estuvo acomodada, volvió al lado de Madisyn y abrió con cuidado la caja de comida. —Toma, toma un poco de sopa —dijo, llevándole a los labios el caldo caliente y aromático con una cuchara.
La sopa de pescado, de color blanco lechoso, era rica y nutritiva, un plato que él mismo había preparado. Madisyn saboreó el sabor y sintió cómo el calor se extendía por todo su cuerpo.
—Gracias, Andrew —murmuró, terminándola toda.
Dos días después, Madisyn y Nana recibieron el alta del hospital y las llevaron a la mansión que Damari había preparado.
La finca era sencillamente grandiosa: extensos terrenos, comodidades de última generación y un sistema de filtración de aire de alta tecnología diseñado para una salud óptima. Un equipo dedicado de cuidadores estaba listo para atender a la madre y al niño.
Cuando llegaron, Madisyn salió del coche y le dio un beso en la mejilla a Andrew.
—Cariño, has hecho tanto por mí y por el bebé estos últimos días. Ve a ocuparte del trabajo y vuelve con nosotros cuando hayas terminado.
—De acuerdo. —Andrew la acompañó al interior y la acomodó en su habitación. La rodeó con los brazos y la abrazó con fuerza durante un largo rato. Después de darle un beso prolongado en la frente, se marchó a regañadientes.
De pie junto a la amplia ventana, Madisyn contempló el impresionante paisaje de la finca.
Sus pensamientos se remontaron al pasado: su encuentro con Andrew, cómo se enamoraron de forma tan natural, su boda y, ahora, la alegría de ser madre. Todo parecía un sueño, una vida que nunca había imaginado para sí misma.
En ese momento, los pequeños llantos de Nana la devolvieron a la realidad. Se giró rápidamente y, siguiendo su instinto, corrió hacia su hija.
Como madre primeriza, había momentos en los que Madisyn se sentía perdida, pero con cuidadoras expertas a su alrededor, poco a poco fue ganando confianza. Paso a paso, aprendió y, pronto, cuidar de su bebé se convirtió en algo natural.
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